Al respecto de la Muerte de Muammar Al Gathafi

La OTAN se apresta a poner su bandera en Trípoli y ubicar la principal base estadounidense en África.

A Libia y al mundo árabe le esperan, lo que a las sociedades latinoamericanas en los 80 del siglo pasado, décadas de Neoliberalismo.

A principios de este año, cuando la población egipcia echaba a Hosni Mubarak y las revueltas en otros países árabes se extendían como reguero de pólvora, a contramano del optimismo revolucionario que inundaba las opiniones de muchos expertos, permanecí escéptico acerca de que la humanidad esté viviendo un reverdecimiento democrático y revolucionario.

Pasaron los meses y la hilacha empezaba a notarse, no fue tan cierto que en las revueltas de Egipto y Yemén hayan sido tan responsables las redes sociales como lo decían los medios de masas, había en el fondo un descontento popular, huelgas y movilizaciones anteriores a las que fueron cubiertas por los grandes medios que pusieron su acento en el protagonismo de las nuevas tecnologías.

Hace unas semanas la primavera árabe en Egipto terminó con la feroz represión y muerte de manifestantes.

En enero ya el profesor Noam Chomsky hablaba del apoyo que estaban dando los servicios de inteligencia a estas revueltas habida cuenta que el objetivo último era el de apoderarse de la situación estratégica de Libia y por ende de su petróleo.

Hoy los mass media se regocijan con el asesinato del coronel Muammar Al Gathafi, ciertamente el mismo que bombardeó a su propia población civil recientemente, pero también eél que en su tiempo supo fundar la Yamahiriya, República de las Masas, Libia Popular y Socialista. El primer presidente árabe que permitió que las mujeres viviesen sin burka, asistieran a la universidad (!) e ingresaran al ejército. El coronel que supo unir a los diversos clanes en Libia para enfrentar al imperialismo de Ronald Reagan, él que condujo la Revolución Verde y propuso una tercera vía dentro del socialismo.

La OTAN se apresta a poner su bandera en Trípoli y a ubicar la principal base estadounidense en el África. Las predicciones de Chomsky se ven cumplidas.

¿Qué le espera a Libia y al mundo árabe? Es la pregunta. Atilio Borón hace pocas semanas decía un mar de sangre, sudor y lágrimas.

Personalmente a mí el cuadro me es parecido a cuando las dictaduras latinoamericanas fueron sofocadas mitad por sus propios pueblos, mitad por la presión de los mismo USA. En tal sentido se puede responder que a Libia y al mundo árabe le esperan, lo que a las sociedades latinoamericanas en los 80 del siglo pasado, décadas de Neoliberalismo (explotación y robo de sus recursos naturales).

Que nadie sueñe con una revolución democratizadora, estamos frente a la más feroz reacción que no duda (como no dudó en la época de las dictaduras latinoamericanas) en utilizar los sueños democratizadores de las poblaciones locales para llevar a cabo planes diferentes a las que ellas sueñan y piensan.

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