“Al llegar, Paraguay me pareció un país aburrido”

Montserrat Álvarez es escritora, de nacionalidad española, tras vivir varios años en Perú se ha radicado en Paraguay desde el año 1991. La entrevistamos para conocer un poco más sobre su labor creativa.

Sus libros publicados son: Zona Dark (poemas, Lima, 1991), Doce esbozos haitianos y un cuento andino (cuentos, Asunción, Arandurá, 1994), Espero mi turno (¿nouvelle?, Asunción, El Augur Mediterráneo, Colección de los 90, 1996), El Poema del Vampiro («un diálogo platónico-gótico», Asunción, Arandurá, 1999), Underground (poemas, Asunción, Arandurá, 2000), Alta suciedad (poemas, Buenos Aires, Eloísa Cartonera, 2005), Nerópolis (poemas, Lima, Sarita Cartonera, 2006), Bala perdida (poemas, México, El Billar de Lucrecia, 2007), Panzer Plastic (poemas, Lima, Colección de Poesía Underwood, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, julio de 2008).

 Además de estos libros publicados sus cuentos y poesías se incluyen en numerosas antologías de España y de diversos países de América como Argentina, Chile, México y Perú.

Desde el 2009 además publica en su blog “Dama Satán”:  http://damasatan.blogspot.com/

Conversamos con la autora para conocer un poco más de ella y su obra.

Cuando llegaste a Asunción, ¿Cuál fue tu primera impresión? ¿Ha cambiado con el transcurrir de estos años?

Me pareció un país muy aburrido, llamativa y excepcionalmente aburrido. No sé si lo era en realidad, o si, de serlo, lo era hasta ese extremo; tal vez se trataba en el fondo de mí: tal vez era yo la que estaba aburrida, o inerte, o embrujada, o petrificada, o sonámbula, o en trance, o desconectada, o hechizada, o zombi, o quizá cada vez más en parte o totalmente en otras regiones o rumbo a algún lugar incomunicable en ese momento. En verdad, no me parece que haya lugares que por sí mismos sean más aburridos o divertidos que otros. Como fuere, ya no me aburre; pero eso es un largo viaje hacia la vida real que he tenido que emprender con mis solas fuerzas desde muy pronto y que aún no puedo decir que haya llegado a buen puerto definitiva y victoriosamente. De modo que tampoco puedo saber ni decir si Paraguay (o cualquier otro país, lugar o cosa) ha cambiado; yo, desde luego, sí he cambiado mucho. Y en efecto, he cambiado mucho desde que llegué a este país. Como he cambiado mucho también, al grado de ser hoy día prácticamente otra persona, desde anoche. Tengo un gran talento para la inconstancia. O, si se prefiere un término más cortés, para el cambio, para la metamorfosis. Soy mutante. Y venir a Paraguay, como cualquier otro viaje semejante lo sería para cualquier otro en mi lugar, me imagino, para mí fue una mutación: desaprender los códigos establecidos y aprender a despertar cada mañana en medio de otros ruidos y de otro tipo de luz para moverte entre puntos de referencia nuevos en el entorno diario no es solo un traslado que suceda en el espacio exterior, y lo que he escrito en Paraguay desde que vine hasta ahora, y lo que en Paraguay sigo escribiendo, me queda taxativamente claro que no lo hubiera escrito en ninguna otra parte.

¿Cuáles son tus influencias literarias?

No lo sé. ¿Cómo puede uno saber eso?

¿Cómo definirías tu literatura? ¿Dark? ¿Punk? ¿Under?

No sé cómo definirla. ¿Para qué se hace eso? Supongo que la gente lo suele hacer. Nunca se me ha ocurrido hacerlo.

Esta respuesta, y la respuesta anterior, me imagino que podrán sonar a broma, o por ahí a un alarde de naïveté nacido de una sibilina falsa modestia o de unas ganas muy esnobs de sonar como una bonne savage, o de repente se podrá sospechar que esconden alguna ironía sutil, pero tan, tan sutil que haya que devanarse los sesos para entenderla, lo cual me hace muchísima gracia, porque nadie podrá pillar esa supuesta ironía oculta ni aunque se dedique a ello la vida entera, porque no hay ninguna ironía ni ningún chiste ni nada por el estilo en esas dos respuestas mías. Por decepcionante que esto pueda resultar, la verdad es que las digo completamente en serio.

¿Qué andas escribiendo últimamente?

Primero: poemas. Segundo: cuentos. Tercero: ensayos. Pero, mientras que los poemas y los cuentos los termino y los guardo bien completos y acabados, de los ensayos que inicio aún no he podido concluir ninguno, por impaciente.

Y también, después, artículos, semanalmente, para el suplemento del diario en el que estoy laburando.

Y bueno, además, claro, siempre varios textos sin forma o con cualquier forma para mi blog damasatan.

Y siempre otros tantos fragmentos plumíferos y selectos de nobilísima literatura damasatánica para fastidiar a algún amigo o para hacer reír a mi novio, y otros, aparte, obviamente, de pura onda recreativa privada y just for Me, Myself and I. No puedo omitir, además, que me consagro igualmente a imaginar y a redactar listas para el supermercado y minuciosas listas para el coreano e instrucciones para subir escaleras y después para bajarlas y todo ese tipo de esoterismos fantasiosos y extravagantes, por supuesto, que son los que suele escribir cualquier ciudadano normal.

¿Cuál es tu próxima publicación?

No lo sé. No estoy segura de querer publicar nada. Desde el último libro que he lanzado, Panzer Plastic, del 2008, no he vuelto a publicar otro. Y lo curioso es que no entiendo muy bien por qué no he querido hacerlo. Y, cuando pienso en la posibilidad de publicar algún libro, me percato de que sigo sin querer todavía. Cuando me pregunto por qué no tengo ganas de publicar, lo que me viene a la cabeza es que no me gusta el mundo literario. Pero tampoco entiendo bien qué quiero decir con eso. Ni qué exactamente debo entender por «el mundo literario». Me imagino que este hastío, este rechazo es momentáneo y que ya lanzaré otro libro, y que, una vez publicado uno, los siguientes libros ya me será más fácil y natural publicarlos. Aunque lo que a mí me importa es escribir, no publicar. Pero igual, publicar es parte del asunto, así que publicaré, para fastidiar mucho a los optimistas que se hayan podido sentir ilusamente aliviados pensando que no lo volveré a hacer, je.

De tu obra, ¿cuál es la que más te satisface?

No tengo ni idea. No puedo hablar de satisfacción con mi obra. Me parecen dos conceptos incompatibles; así los siento yo.

Peor aún: ojalá no la tuviera, pero tengo una impresión terrible la mayor parte del tiempo, que es la impresión de que no solo no he hecho todavía ni lo mejor ni lo más importante, sino de que, encima, me falta, no solamente (¡si solo fuera eso!) mucho, sino probablemente lo más difícil de todo, por hacer, y de que no debería confiar demasiado en mi suerte si es que me interesa vivir lo suficiente para poder, efectivamente, hacerlo.

Para vos, ¿cuál debería ser el rol del intelectual en la sociedad?

¿Quién es un «intelectual»? ¿Qué es un «intelectual»? ¿Y por qué se supone que cabe proponer que un «intelectual», o cualquier otro tipo de sujeto, «debería» hacer, o ser, lo que fuere, o cumplir la función que fuere? ¿Y por qué los así (cómicamente) llamados «intelectuales» cometen delitos tan atroces como el de expandir galicismos espantosos y superfluos como «rol», entre otras iniquidades merecedoras de horca, excomunión y picota?

¿Qué deberían hacer en la sociedad, amiguitos intelectuales? Antes de pisar esas caricaturas de universidades que escupen cientos de antropopitecos y de pitecantropos egresados cada año, vuelvan al preescolar y hagan de nuevo la escuela y el colegio completitos; o, mejor todavía, vuelvan al pleistoceno.

¿Algo que te gustaría agregar?

¡Sí! Uno de los más recientes de entre mis varios proyectados e impetuosamente comenzados ensayos, ninguno de los cuales, sin embargo, como antes te decía, todavía no he podido concluir:

 “AMIGOS” (De Montserrat Álvarez)

La amistad no es un lujo, no es un accesorio, no es una cuestión de emotividad, de sentimentalismo, de exceso de complacencia ni de expansividad indiscriminada, no necesariamente es fácil, no es siempre conveniente y ni siquiera es realmente una elección. Su importancia es de naturaleza más fundamental. Apunto, para una posterior filosofía del concepto de amistad, un par de cosas aquí.

Esos otros, los que han sido o son nuestros amigos, nos van, en cada amistad nueva, configurando; cada amistad suma un trazo más al dibujo total que estamos siempre llegando a ser. La amistad es un elemento estructural del propio ser, no algo accesorio sino parte de la propia interioridad en lo que esta tiene de más fundamental y de más íntimo.

La amistad configura y va armando la mente; una vez que un amigo se ha hecho un lugar en la mente, en la historia y en el trayecto de otro, en un nivel profundo de la identidad ya nunca puede perder ni dejar ese lugar, pues después de una amistad ya no somos los que fuimos, y toda nueva amistad crea nuevas personas, y no porque no hubiera nadie antes allí, claro, puesto que ya estábamos, conditio sine qua non, dados como sujetos los que después seríamos esos mismos pero también para siempre distintos al volvernos amigos, sino porque, si bien ya estábamos , éramos los “nosotros” de antes de esa amistad , los «nosotros» de historias y vínculos anteriores, los “nosotros” conformados por otros diferentes.

Los de antes, los de ahora y los futuros amigos nos hacen un lugar en sus historias. Si en la diversidad de los momentos vividos, que tejen la red del tiempo, que va integrando a su vez la de la vida de las culturas y de las sociedades, estamos también nosotros, nos parezca bien o mal y nos sea fácil o difícil y nos guste o no estar ahí, es solo porque ellos, los demás, de una u otra manera nos han hecho un espacio y nos han puesto en ese lugar único, que pasa a ser el nuestro por derecho.

Y es exactamente de esta forma como se van forjando y como se construyen las personas que llegan a ser tales.

Esa es la importancia radical y estricta de la amistad; no es asunto de sentimentalismos, sino que, desde el punto de vista del ser, este que aquí he esbozado es su estatuto nuclear e insoslayable en toda ontología de la subjetividad.

Hace unos días tuve un curioso sueño en el que aparecía, entre otros tres o cuatro amigos míos, C. Solo se lo conté a C., cuya lectura de mi sueño me dio el indicio de uno de los significados metafóricos de lo que soñé: ese sentido es lo que, con otro lenguaje, he tratado de adelantar aquí sobre la función vital y estructurante y el estatuto ontológico de la amistad.

Este es un primer adelanto de lo que apunta a ser quizá mi «filosofía de la amistad». Y un pequeño tributo, resaqueado pero filosófico, a la lealtad y a la diversión, a la hondura y a la risa, a los breves milagros duraderos.

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