Ahora Siria, hasta cuándo

 «Parte  de las conversaciones en torno al tratado de Lancaster House de 2010 había girado en torno a cómo desatar una rebelión en Siria con asistencia franco-británica».

Varios informes sostienen que fueron los rebeldes quienes emplearon las armas químicas. Foto: ria.ru.

En la Conferencia de San Remo en abril de 1920, Francia obtiene el  mandato sobre Siria, luego del derrumbe del Imperio otomano. Y en julio de 1920, las tropas francesas ya se apoderan de Damasco, terminando con el Reino de la Gran Siria, que incluía a Líbano, Palestina y Siria propiamente, que los ingleses habían prometido a los árabes por su participación en la lucha contra los turcos.

Los  nuevos ocupantes buscaron rápidamente implantar un sistema basado en divisiones religiosas, creando los territorios de Damasco, Alepo, y el territorio Alauita, con gobierno local electo, a más del Sandjak (distrito en turco) de Alejandreta cedido en 1939 graciosamente a Turquía  por ser neutral en la Segunda Guerra Mundial, consumándose así la colonización total de Siria.

No es de extrañar entonces que uno de los grandes líderes contra esa política haya sido el sirio Chekib Arslan, cuya potente voz llegaba hasta África del Norte, sometido al mismo colonialismo.

Ya en la década del 40, Michel Aflak, cristiano ortodoxo, influido por las ideas del pensador Mounier, crea el Partido Socialista de la Resurrección Árabe, que preconiza, entre otros conceptos, el Islam como valor cultural, lo que explica su rápida aceptación entre las minorías religiosas no sunitas, como los drusos, los cristianos, los alauitas, los chiitas. El BAAZ, que así se llama finalmente este partido político, defiende el laicismo, actitud que es duramente criticada por la Hermandad Musulmana  que entiende la formación del Estado solamente sobre la base del Islam.

Es contra este Estado laico que se ha levantado esta gigantesca trama, principalmente de parte de los países occidentales y la colaboración de algunos países árabes que financian la operación. No ha contado, sin embargo, con el apoyo de la opinión pública mundial, que aún tiene presente la mentira sobre Irak y lo de Afganistán.

Unos meses atrás, el exministro de Relaciones Exteriores francés Roland Dumas hizo público que parte  de las conversaciones en torno al tratado de Lancaster House de 2010, había girado en torno a cómo desatar una rebelión en Siria con asistencia franco-británica. Los sucesos de la localidad de Deraa estaban aún distantes.

Prontamente  Estados Unidos instala una Oficina Siria en Turquía, donde se entrena a la oposición en técnicas de comunicación y negociación y se canaliza la ayuda estratégica destinada a los rebeldes.

A estas alturas nadie duda ya de que el objetivo final es Irán, pues destruyendo a Siria se debilita al Hezbollah, organización político-guerrillera, que con el manual del Che Guevara y del general Giap, héroe vietnamita de la batalla de Dien Bien Fu, en la mano logró expulsar del Líbano a las fuerzas israelíes al cabo de 18 años de duros enfrentamientos.

La Comisión de Expertos de la ONU ya entregó su dictamen, donde establece que en Siria se emplearon armas químicas, pero no determina las responsabilidades. Voces muy autorizadas, como la de Carla del Ponte,  exfiscal de Tribunales Internacionales, sostiene que han sido los rebeldes quienes manipularon con torpeza esas armas. Por su parte, Sergio Piñeiro, integrante del Consejo de Defensa de los Derechos Humanos de la ONU, acusa de graves violaciones a esos derechos por parte de los insurrectos.

Rusia sostiene que los países occidentales incurren en provocación, y no sorprende que pese al esfuerzo para el acuerdo alcanzado recientemente en Ginebra, el General Amin Idriss, jefe del Ejército Sirio Libre, se oponga tozudamente al mismo.

Armas químicas ya se usaron en la región y en zonas y países cercanos. Basta recordar a Kosovo durante la guerra balcánica, o el bombardeo de una fábrica de medicamentos en Jartum, Sudán, en 1998, so pretexto de que allí se fabricaba un gas nervioso que abastecía a Al Qaeda, que curiosamente fue aliado de Estados Unidos en Afganistán y ahora vuelve a serlo en Siria a través de la organización Al Nusra. Se usó en la Guerra del Golfo en 2003, se empleó en la guerra irano-iraquí, cuando con asistencia estadounidense, en cuatro ataques sucesivos, se diezmó a las fuerzas iraníes que estaban a punto de ocupar la estratégica ciudad de Basora en 1987.

Pero hay también otras razones para esta agresión a Siria. Recientemente se ha anunciado que Irán, Irak y Siria firmaron un acuerdo para la construcción de lo que será el mayor gasoducto  de Oriente Medio para transportar gas natural desde el sur de Irán a Europa.

Los sirios cristianos recientemente evacuados de la histórica y emblemática aldea de Maalula, donde aún se habla el arameo, lengua que empleaba Jesús, tienen razón en desconfiar de ahora en más de los musulmanes radicales que los tuvieron prisioneros. Evidentemente ese camino de intolerancia no traerá la paz ni la concordia a este castigado país, y si bien el mundo respira aliviado siquiera por un instante, no hay que olvidar lo que la secretaria de  Estado de Bill Clinton, también demócrata, había expresado en su momento: “Estados Unidos actúa multilateralmente cuando puede y unilateralmente cuando debe”.

*Historiador y exministro de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Fernando Lugo.

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