Agrotóxicos prohibidos

El Congreso tiene en su agenda la aprobación de un proyecto de ley favorable al agronegocio, coincidente con una campaña mediática lanzada por Monsanto, invitando a periodistas locales para visitar plantaciones de soja y algodón en Argentina.

Monsantoland, tierra de venenos y carcinomas expandidos por los agronegocios.

En líneas gruesas, los organismos genéticamente modificados (OGM), son producidos por la manipulación de genes en laboratorios y, si bien aún no hay definición científica sobre sus efectos en la salud humana, está comprobado que el paquete comercial que los acompaña con plaguicidas y otros productos nocivos que son  volcados en los plantíos, generan graves daños a los seres vivos, y erosionan la tierra y contaminan los cursos de agua, en abierta violación de las leyes naturales, instalando una permanente amenaza acerca del futuro de nuestro planeta.

El tema adquiere particular trascendencia en Paraguay dado que el Congreso tiene en su agenda la aprobación de un proyecto de ley favorable al agronegocio, coincidente con una campaña mediática lanzada por la transnacional Monsanto, invitando a periodistas locales para visitar plantaciones de soja y algodón en Argentina, con lo cual consigue impudorosa incondicionalidad sobre sus bonanzas, difundida con amplitud por los órganos más poderosos.

El gremio del agronegocio impulsa el algodón transgénico, variedad Bt, al punto que el ingeniero Ricardo Pedretti, del Insituto de Biotecnología Agrícola (INBIO), se ha permitido afirmar que su cultivo tendrá un rendimiento entre 50 a 100 por ciento superior al tradicional, opinión vertida sin ningún rigor ni fundamento científico, absolutamente irresponsable, inspirada en simples intereses económicos.

Entre las razones invocadas para oponerse al cultivo del algodón Bt, modificado genéticamente, Ecologistas en Acción, la Coordinadora Europea de Agricultores y Ganaderos y la Plataforma Rural del viejo continente, destacan que, además de la contaminación ambiental y el uso de substancias tóxicas, esas semillas insumen excesiva cantidad de agua y plaguicidas, para combatir insectos que, en las variedades nativas no se conocían, o que se han hecho resistentes a los OGM.

Frente a la campaña periodística, se elevan las recientes decisiones de prohibir transgénicos por  los gobiernos de Gran Bretaña, Polonia, Bélgica, Bulgaria, Francia, Alemania, Irlanda y Eslovaquia que han dado una respuesta positiva a la oposición de apicultores y otros productores al cultivo de la variedad de maíz MON810, que impulsaba Dinamarca.

Monsanto es rechazada también en China, la India, que la acusa de biopiratería, Hungría, que destruyó en fecha reciente 1.000 hectáreas de maíz transgénico. Entre otros ejemplos, en Lyon, Francia, el Tribunal del Sistema de Seguridad Social, encontró culpable a la gigante transnacional, abriendo el camino para acciones judiciales futuras, por provocar  alrededor de 200 efectos dañinos para el ser humano y el ambiente que “desde 1996 generan sus pesticidas entre la población, verificándose problemas neurológicos, dolores de cabeza y pérdida de memoria”.

Además de Monsanto, hay una media docena de corporaciones transnacionales, tales las también estadounidenses Dupont, Cargill y ADM, la británicosueca Astra Zeneca, la suiza Novatis, la francesa Aventis y la alemana Bayer, etc., que dominan el 100 % de las semillas transgénicas, el 80 % de la biología genética en el mundo, el 60 % de los plaguicidas y un cuarto del total de las semillas naturales.

Ese pequeño grupo tiene bajo su control los recursos biológicos de la humanidad, tras privatizar y patentar los genes de los microorganismos de plantas, animales y todo ser vivo, con desastrosos efectos sobre el medio ambiente y la economía, produciendo semillas estériles, que no se reproducen, híbridas, con degeneramiento progresivo, y cultivos con bacterias que rechazan las plagas pero dañan la biósfera.

También es útil conocer que el productor que entra en el círculo de utilizadores de las semillas vendidas por esos consorcios, pasa a integrar la lista de labriegos dependientes, dado que para participar en la zafra siguiente no podrá utilizar su propia semilla, como siempre lo había hecho, porque la transgénica que cosecha es infértil, lo cual le obliga a comprar los granos a la misma empresa, convirtiéndose en un esclavo de la misma.

En todas las versiones de la prensa invitada por Monsanto, se verifica amnesia respecto a la expulsión del campo de cerca de 10 mil familias paraguayas por año, a causa de la expansión de la soja, en una actividad que desarrolla en secreto una ingeniería alimenticia que provoca células cancerígenas y está terminando con los cultivos para alimentación humana, tal la mandioca, el maíz,  el poroto y otros.

El gran poder económico y la influencia política que se desprende de ello, igualmente estimula a las corporaciones transnacionales para insistir en sus operaciones de contaminación ambiental, como es el caso de Bayer que en estos días, está solicitando autorización a la  Unión Europea para cultivar algodón transgénico, a pesar del rechazo de numerosas organizaciones.

Bayer es la productora del MIC, la terrible sustancia Isocianato de Metilo, responsable de la  catástrofe de Bhopal, en la India, que en 1984 arrojó miles de muertos en pocos días y otro tanto de suicidios de campesinos en las semanas y los meses siguientes, avalando los plaguicidas que les habían vendido y los había endeudado.

 

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