Adiós y que jamás regresen

Opinión. “No basta con apellidarse Franco para ser franco, le podría estar diciendo en este momento el pueblo paraguayo al faccioso presidente Federico Franco, en vísperas de su retirada del Palacio de los López, tras un año de conducta oprobiosa, salpicada de irregularidades administrativas”.

Federico Franco, preparado para volar. Foto: Fanpage de Facebook.

No basta con apellidarse Franco para ser franco, le podría estar diciendo en este momento el pueblo paraguayo al faccioso presidente Federico Franco, en vísperas de su retirada del Palacio de los López, tras un año de conducta oprobiosa, salpicada de irregularidades administrativas que, a juzgar por el rendimiento de cuentas que le están exigiendo desde varios sitios, instala una ola de sospechas de corrupción.

Si bien el problema trasvasa la anodina figura de Franco, y es al plan estratégico enemigo del proceso de cambios y de la integración regional que hay que enfocar y combatir, al que el dirigente liberal sirvió para el golpe del 22 de junio del año pasado, nada disminuye su responsabilidad, menos aún cuando voceros del Presidente electo,  sugieren cierta complicidad suya en la evasión impositiva y en la flaca recaudación aduanera, función que cumplen personas muy allegadas, incluso familiares.

Su ejercicio, que le impidió tomar conciencia de su rol de fusible y de portero titular que, esmeradamente acicalado abrió las puertas para el retorno del Partido Colorado, se ha caracterizado por una ineptitud flagrante para cumplir a cabalidad lo que prometió a la ciudadanía como pretexto para rubricar la asonada golpista, cuando anunció, con gran apoyo de la prensa asociada al derrocamiento de Fernando Lugo, que por fin el país podría gozar de justicia social y libertad, con un gobierno eficaz y honrado, al servicio de todos los paraguayos.

En el primer mes del mando usurpado, unos tres mil funcionarios públicos fueron expulsados de sus puestos por razones ideológicas, dando ingreso a un número muy  superior de recomendados, afiliados y allegados al Partido Liberal, en aplicación de un sectarismo similar al practicado por el Partido Colorado durante varias décadas.

Un afiebrado nepotismo guió sus primeros pasos, generando una situación que provocó el alejamiento y la decepción de muchos aliados políticos, dejándolo a merced de los grupos que lo utilizaron para asaltar a un gobierno que, con logros y muchas fallas, fue lo mejor que ha tenido el país en setenta años, con acertadas medidas de política social, como la gratuidad de la salud, una diplomacia que instaló a Paraguay en el mundo y algo de rescate de la soberanía energética nacional.

Los reiterados actos traicioneros de Franco, prueban que es un personaje que se ha construido sobre un vacío de sinceridad y de familiaridad respecto al pueblo y a la parte más rescatable de la historia de su propio Partido Liberal, manchando el legado del estadista Eligio Ayala, del socializante Cecilio Báez, del humanista Manuel Gondra, o del probo Eusebio Ayala, entre otras ilustres personalidades.

Por supuesto que ese delito fue obra de toda la cúpula partidaria, cuya ambición de poder ignoró la voluntad popular de cambios y terminó por fracturar a la organización, la cual, tambaleante, se había librado de implosionar en el 2008, cuando entregó su grueso electorado a la candidatura triunfante de Lugo. Ahora está en terapia intensiva, bajo los cuidados de su sucesor Horacio Cartes, y todo ello por no haber leído algo sobre Pirro, antes de complicarse con el golpe.

También es cierto que, en parte, los errores que continúa cometiendo la vieja membrecía liberal tiene que ver con su obsecuencia con los poderosos, en particular los embajadores de Estados Unidos del último medio siglo y los gerentes de las corporaciones transnacionales y de los terroríficos prestamistas, tipo FMI y Banco Mundial, una amalgama humillante que terminó por convertir a Franco en traidor del mismo gobierno que integraba como Vicepresidente,  y del proyecto de cambios sociales que tanta esperanza despertó entre la mayoría de la población paraguaya y de los pueblos vecinos.

¿Cuál es el balance de este año de usurpación gubernativa, tras rubricar, traicionera y cobardemente el Golpe contra un gobierno legítimo?, obedeciendo desde el primer día a la oligarquía vernácula, ese sector antipatria que, a su vez, juega de Celestina de los capitales transnacionales que desde hace años succionan las riquezas paraguayas.

Hay una larga lista de actos cumplidos, todos en contra del interés nacional, con grave daño a la economía nacional, a la salud pública y a la producción alimenticia de las poblaciones campesinas y de los pueblos originarios, cuyas semillas criollas y nativas están sucumbiendo frente al tramposo y oficializado ingreso masivo de transgénicos y sus paquetes de peligrosos venenos.

Una prueba inocultable de que las corporaciones del agronegocio y de la minería a gran escala participaron del golpe, quedó en evidencia a los pocos días cuando Franco enterró la política del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad de Semillas (SENAVE), una de las Secretarías de Estado más progresistas y comprometidas con los cambios del Gobierno de Lugo, que presidía el Ingeniero Miguel Lovera, convertido por la Unión de Gremios de la Producción, una suerte de oficina de la Monsanto, Cargill, ADN y las otras siamesas, como su enemigo número uno.

De inmediato, Franco autorizó la siembra de tres variedades de algodón transgénico, antes de recibir la aprobación científica local, y cuyo cultivo ha resultado un total fracaso con enorme perjuicio para los labriegos, aún más abandonados y marginados por las autoridades de gobierno, imposibilitados de honorar sus deudas bancarias.

Con mucha vileza, entreguismo, y presumible venalidad, Franco dio rienda suelta al cultivo de varios tipos de otras semillas genéticamente modificadas de soja y maíz, e ignoró el reclamo campesino y ciudadano de recuperar tierras fiscales ocupadas ilegalmente desde hace años por la rosca latifundiaria. Al unísono, eliminó la normativa de SENAVE que prohibía la fumigación de los sembradíos transgénicos, en la cercanía de las poblaciones y de los locales de congregación de personas, escuelas, centros de salud, escenarios deportivos, comisarías, cuarteles y otros.

En el curso de pocos meses, el gobierno golpista intensificó la inversión descontrolada de capitales extranjeros, y propició la venta de territorios fiscales y otros de propiedad ancestral indígena, que constituyen actualmente uno de los escenarios de más salvaje deforestación y destrucción ambiental.

Mintiendo desde que sintió sobre su pecho inflado la banda presidencial y comenzara a inclinar en permanencia la cabeza hacia un costado por indicación de algún mediocre y  trasnochado asesor de imagen, Franco está a punto de cumplir un año figurando al frente de una vergüenza gubernamental, con incalificables actos de petulancia y abuso personal y familiar de la imagen televisada, feliz revanchista abrazado al parlamento derechista enemigo de las medidas sociales más positivas del gobierno derrocado.

Por fin, le quedan pocos días a su clan, pero sus efectos nefastos continuarán dañando al pueblo por mucho tiempo, con la complicidad de esos estratos sociales egoístas, mendicantes, supersticiosos y siempre temerosos de perder privilegios, intoxicados con una salsa ideológica indigerible, condimentada con grosera negligencia e incapacidad que, a ojos vista, irradia impunidad y, más grave aún, un oportunismo que habría permitido enriquecer a personas del primer anillo, vaciando el Estado.

Hacienda se declara insolvente y no puede pagar los salarios del mes al funcionariado público, la Secretaría de Acción Social, que durante el gobierno de Lugo saltó de 10 mil beneficiados a 100 mil, hace ocho meses que no entrega el dinero a las familias asistidas, aumentando dramáticamente el déficit en el suministro de alimentos y de materiales diversos en los hospitales y albergues de niños y ancianos. Las cárceles del país, como los siquiátricos, son inmundos depósitos de seres humanos.

Frente a tanto desquicio, se verifica fácilmente que Franco y su gente llegaron para cumplir la misión imperial de terminar con uno de los focos suramericanos rebeldes que, entre otros males, contribuía a estimular una nueva conciencia política que, por encima de la oposición cavernaria, continúa abriéndose paso con un pensamiento analítico y crítico, independizador e integrador, fabricando una herramienta que probablemente será indispensable para las luchas políticas que están asomando.

Misión cumplida, los testaferros se van y ojalá su accionar no retorne nunca más, para bien de Paraguay y del proceso histórico que encabezan los pueblos que rechazan sobrevivir en la precariedad y, aunque todavía sea débil el cuestionamiento al sistema capitalista, paridor de tales alimañas hambreadoras, saqueadoras y voraces y sin la mínima sensibilidad social, la salida de una pequeña parte de los prestanombres por la puerta de atrás, es algo realmente positivo.

Con penoso final, otro baldón en la sacrificada historia de este pueblo llega a su fin. Sus esbirros agravan su derrota política con un despliegue de gestos obsequiosos al multimillonario Horacio Cartes, cuya tarea, a juzgar por anticipos hechos por algunos de sus voceros, prolongaría los males sociales, situación que sólo podría revertir la movilización consciente y organizada de la ciudadanía que es enemiga de la línea privatista y de una diplomacia entregada a Estados Unidos, principal interesado en sabotear la integración regional, mediante el sometimiento.

Este 15 de agosto, Cartes, sin proyecto conocido, recibirá la banda presidencial por cinco años, en un hecho revestido de curiosidad, dado que ganó las elecciones como candidato colorado, pero sin vida partidaria y en base a una colosal inversión de dinero que le permitió obviar cualquier compromiso partidario, al punto que se le adjudica la intención de limpiar el ocioso y corrupto aparato, para obrar con absoluta independencia, tarea en la que, a juzgar por algunas de sus primeras señales, lo llevaría a remozar la figura del Tendotá, el todopoderoso y por él elogiado, General Alfredo Stroessner, que secuestró el país entre 1954/89, sirviéndose del partido y del ejército.

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