Acerca de Musica ficta, de Joaquín Morales

El escritor Cristino Bogado da una lectura de MUSICA FICTA Y HURRAS A BIZANCIO (Jakembó editores, 2005). Uno de los libros de poesía capitales de la década pasada.

MUSICA FICTA es la música fingida por Joaquín Morales para obliterar/contrarrestar/ resistir la barahúnda cotidiana elaborada por la real-elite (realité, real-eté) paraguayo/ a. Cincuenta, acaso cien años machacando nuestros pobres oídos complacientes en su sordera y pasividad.

Contra ese canto secular asirenado (a nado de sirenas patrioteras), grecoguaranítico (invención bienintencionada europea, Montaigne aunando los guahus con Anacreonte), truculento y melo-dramático. Es subintellecta porque nos imanta y atrapa por los sentidos alucinados de estupor y jamás pretende rozar el umbral de la razón.

Pan y música, sugiere el epígrafe/homenaje, contra el panis et circensis. Aunque no rehúye la escenificación y el caleidoscopio de danzas de éste, ni sus giros dervíchicos y sus movimientos, pero sólo los acepta para alterarlo mejor desde su propio interior. Viaje musical soñado aguas abajo, en lo subterráneo e infernal, hacia las rutinas susurrealizantes, grotescas y distorsionadoras de la música patria-poética dominante.

Choque de orquestas (más que de civilizaciones) encontradas, ideológica y formalmente. La teoría de obertura, variaciones múltiples e inagotables, rondós, pavanas, gallardas, preludios, duetos, cadencias, ragtimes, virelays, saltarellos, basse dance, blues, es carnavalescamente presentada como en una cinta sin fin clusterizada ante el lector, orejudo o no, prójimo o inaccesible (en medio de ese torbellino de formas musicales escuchamos el retintín solapado, embrionario, pujante, de la cachaca y del purahei jahe’o). Pero la muñeca madre, principal, contiene muñecas hijas,
muñecas en miniatura. Un poema (el de la páginas 17/18) se despliega a su vez en una mutación inercial y cíclica, madrugada, mañana, siesta, tarde y noche, ésta como última danza del día,

ruido que músico sensible tacha
borra del libro, virutas:
oscuridad descantillada”.

La semitonia comparece en la página 19:

entonces el corazón de todo autómata es
retórica imprimible en semitonos

Nuestro aedo subtropical, poeta/músico, práctica una estrategia de pequeñas escaramuzas, una guerra de guerrillas, contra la gran Música: “pura pintura no suena”, que engloba y enerva a sus alabarderos agitados por los reflejos aprendidos hace siglos, “el terco pigmento de la historia” (página 24).

MUSICA FICTA surge, “de quien más ve y más oye, pero duda” (página 30), de un poeta cuya misión última, y acaso imposible, la de un grupo comando de un solitario miembro (jm), es “…dar cuerda a tu ataúd, / resucitar canción de entre los verbos” (página 35). Entre música ficta, música molecular, y la otra, que es marcha militar a lo Platón, molar, estupefaciente, se puede aparejar la dicotomía neurológica de la disyunción entre el hemisferio izquierdo y el derecho:

te confieso, hermano izquierdo,
mitad de mente mía,
que tu contigüidad no adoro,
ni apruebo tu inversa semejanza

(o la esquizofrenia de la música ficta entre la mano derecha, artística, idealista y espiritual, y la mano izquierda, erotómana, lasciva, prosaica, que al fin, aleatoriamente, termina segregando música subversiva). Guerra musical en varios planos y frentes. Metátesis en la pronunciación, en el sentido de la frase, hipérbaton, catacresis, homofonías interidiomáticas (creo que en hurras aparece uno canónico: “virelay, vyro lai, very light”), ruidismo sintáctico (“no importa la palabra justa”, página 57), y, claro, jopara, adopción plena de las oscuridades de la diglosia y la jerga tribal, de las gracias neologísticas.

El español (“madre lengua literaria indeclinable”, página 67) carcome, traspasa, permuta, trasviste el inglés, el alemán, el italiano, el latín, y aun alguna cita griega asoma tímidamente, y el ultrapresente en su ausencia pletórica, el guaraní, sombra bilingüe, excipiente esencial para todo tipo de mezclas locales, esa otra música que sueña sus futuras rebeliones (“insanorum deliramenta’i”, página 69, termina diciendo Castiglione abruptamente).
Otras armas contra el Opresor poético/musical son la ironía, las citas mal leídas, manipuladas, el ajuste de cuentas con las normativas del lenguaje excesivamente sordo en sus ortodoxias:

y todo es Berdadero,
salvo las letras que así lo declaran
con error de ortografía

En suma, poesía que coquetea y abusa de las “cuartas aumentadas, / diabolus in musica!”, página 71, poesía definible en términos musicales, pero no en los de la música de las armoniosas esferas pitagóricas, ni en los de la música de supermercado de Herr Muzak y adláteres, ni en los de las radiofórmulas, hits descartables que terminan su sino empujadas por el último grito del marketing. Las rimas están en bruto, como un inconsciente colectivo en donde abrevan las palabras gastadas por su deambular insomne, sin sentido, constreñidas por el prosaísmo automático infanto- juvenil.

Música para aprender a cantar nuevamente. Poesía que no marcha ni mancha, sino que marca sus fronteras, allí en el borde mismo de la tradición y del futuro. HURRAS A BIZANCIO precipita todo lo anterior en una coctelera glósica, glotona, para aprender de una vez por todas qué es ser paraguayito, en especial en lo relativo a la poesía paraguaya en español del nuevo milenio, la del 2011, bicentenario de la independencia política y centenario del nacimiento del Canto secular de don Eloy.

Si usted nunca leyó a Eloy no entenderá el libro. Si usted no leyó nunca a aquel que pretendió atrapar lo paraguayo en 1190 versos medidos pero sin rima, quedará in albis. Pues hurras es un dilatado diálogo / desafío / ajuste de cuentas cínico de la poesía paraguaya-castellana. Asunción, Bizancio subtropical, queda prácticamente apabullada, sepultada por las hurras que le propina Morales. Éste es un lector minucioso, concienzudo, paciente y aplicado del magister humaiteño. Cabalista legañoso que se agita como un mamanga alrededor de su presa, exegeta heterodoxo, caraíta guaraní de tan sagrado Autor y de tan místico Libro.

Es imposible, hoy, ahora, demorarnos en toda la riqueza de este poemario conceptual, en el sentido de los discos conceptuales, pues todos los poemas que lo integran giran, conforman, inciden en un todo perfecta y matemáticamente orgánico en su fondo y su forma. Fiesta del lenguaje, alegría de la palabra, triunfo de la Ironía (de ser paraguayito y buen y auténtico poeta), de las letras que parodian la Última Cena de la Poesía nuestra, ordalía para editores y windows xp.

Libro parricida que busca a su padre (irresponsable, bocón y entregado a los azules arielismos, a las melopeas dóricas, a las fantasías orientales, a la hermenéutica cromática de la bandera, a la ornitomancia, todo en un mismo tiempo y lugar); solicitud de filiación, no sólo del autor, sino, latamente, de la poesía paraguaya, huérfana a la deriva de los intereses extrapoéticos, de la que hasta este libro no sabía, no quería saber, quién era, quién su padre, a quién debía seguir, a quien destronar.

Falanges hechas de metros
eufónicos pies
costillas de terminaciones
radios de raíces
rótulas de versos
tibias de flautines
reverberencias de azúcar
crocanterías de hojaldre
frutescencias de confites

Este autor, “carcajeante drácula de radionovela / Calibán! antiariélico antídoto”, gusta, y mucho, de “un plato de fariña nutritiva”, tanto como del arte que inventa en este libro, la poliglosa y la periglosa. “El amor de la pura palabra en pura forma”, página 111. Incipit, poesía paraguaya! Nuestro futuro es claro después de leer hurras a bizancio: un cruce Fariña / Morales, nuestro demorado, trabajoso, pero rozaganteDarío, piedra fundacional, padre-héroe cultural, figura demaizada, por usar una expresión del antropólogo Jensen, de la nueva poesía paraguaya.

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