¿Acabó la transición democrática?

Creo pertinente oponerse con energía a la modificación de la ley 1.337 de Defensa Nacional y de Seguridad Interna en los términos propuestos, que consideraría de orden jurídico-político. La defensa del marco constitucional del Estado de Derecho es innegociable, y obviamente los hechos con que quiere justificarse dicha medida no tienen asidero alguno.

Fuente de Imagen: 780am.com.py

No obstante, falta en esta línea de argumentación otros componentes. Analizando los temores que Milda Rivarola levanta con respecto a una “vuelta de los 80”, no podemos interpretar lo que está ocurriendo solo como una reacción histérica anti terrorista.

Me recuerda la historia de Boris Yeltsin en Rusia y de tantos otros casos del capitalismo salvaje, caracterizado por la periodista canadiense Naomi Klein como “doctrina del shock”. El shock puede ser una guerra, tanto en su forma de “guerra interna” llevada a cabo por Suharto en Indonesia como por las dictaduras militares del Cono Sur, incluyendo Bolivia, y más tarde por China; o también adquirir la forma de una verdadera guerra, como la de Malvinas, que le sirvió a Thachter para liquidar el sindicalismo combativo en Inglaterra e imponer las drásticas medidas de desregulación, privatización y recortes del gasto social; o como la Guerra del Golfo o la de Irak.

 El shock también adquirió otras formas, como las “medidas de salvataje” de Polonia, Sudáfrica y los llamados “Tigres Asiáticos” (Corea del Sur, Malasia, Tailandia, Indonesia y Filipinas).

Pero el quiebre emblemático del Estado de Derecho se produjo en el corazón del capitalismo mundial, EEUU, a partir del shock del 11 de setiembre. Los derechos ciudadanos fundamentales fueron conculcados en nombre de la seguridad interna, y se instaló el intervencionismo como doctrina para combatir al terrorismo en cualquier lugar del mundo.

Los resultados indiscutibles en todos los casos: instalar el control de la economía por parte de las grandes multinacionales, debilitar al Estado, y someter a las fuerzas populares organizadas. Eso sin mencionar el desempleo masivo, el crecimiento de la pobreza, de la deuda, y la pérdida de soberanía.

Por todo esto, tengo la impresión de que la perspectiva difícilmente pueda resumirse en una “vuelta a los 80”. Vinieron los 90 y el 2.000, incluyendo el shock de la crisis “financiera” mundial, y el modelo tiende a endurecerse más aún. En cualquiera de los casos el panorama es aterrador, y hay que prepararse para ello.

Nadie me quita de la cabeza de que el golpe parlamentario en Paraguay fue también un shock bien preparado. Se tumbó a un gobierno poco complaciente con la ideología neoliberal, aunque su política económica se haya adecuado parcialmente a las recetas de los organismos multilaterales. Esto produjo un shock en la población simpatizante y en las propias organizaciones progresistas, que no atinaron a reaccionar. Precisamente porque el shock produce parálisis. Y ahora de vuelta estamos ante un shock, real o montado, para provocar la concentración del poder y las medidas extraordinarias de seguridad, en contra del Estado de Derecho.

El EPP, si no se trata de una herramienta funcional a esta estrategia, puede ser desbaratado con un aparato de inteligencia medianamente eficaz y equipos operativos disponibles hoy en las fuerzas de seguridad. Social y económicamente puede ser combatido, como bien lo indica Milda, con más presencia del Estado, medidas de desarrollo y políticas sociales.

Bien podemos concluir entonces que la intención fundamental no es el EPP. Es el descontento popular, la resistencia a las privatizaciones de la ANDE, de puertos, aeropuertos, empresas públicas, etc. Es la alerta de los propios partidos tradicionales amenazados en su existencia prebendaria. O muchas más cosas tal vez. Como la amenaza al propio sistema democrático trabajosa y azarosamente construido en las últimas décadas por un pueblo que sueña un mejor destino. La transición a la democracia no es un proceso que ya acabó. Más bien parece que ahora recién comienza.

Comentarios

Publicá tu comentario