A tres años del 20 de abril: cuatro ilusiones muertas sobre el gobierno de Lugo

A dos años y seis meses de haberse sentado en el sillón presidencial, sus actos mataron ilusiones.

La histórica caída de la ANR en las elecciones del 20 de abril de 2008 marcó un hito en el Paraguay. Antes y después de haber triunfado en los comicios, Fernando Lugo provocó expectativas en todos los sectores y clases sociales acerca de lo que haría y no haría estando en el gobierno.  A dos años y seis meses de haberse sentado en el sillón presidencial, sus actos mataron ilusiones. A saber:

El gobierno de Lugo será de izquierdas. A partir de su constitución misma como una amplia alianza de heterogéneos sectores sociales y organizaciones políticas, el proyecto político electoral que lideró Lugo no fue de izquierdas. Esto se confirmó con sus actos de gobierno. Ejecutar acciones políticas de izquierdas en Paraguay implica modificar, en mayor o menor grado, la agenda económica de los poderes reales del país: modificar en mayor o menor medida la tenencia de la tierra rural y aumentar impuestos sobre su propiedad y producción; aumentar impuestos y controles a la banca financiera y al patrimonio personal de la minoría económica del país; modificar en mayor o menor medida la concentración de la propiedad y el uso de los medios de comunicación en manos de unos pocos; intervenir en determinadas áreas de la economía para construir mercado interno de producción y consumo. Ninguna de estas partes de la agenda económica país ha tocado el gobierno de Lugo.  Una mezcla de escasa fuerza política, mentalidad conservadora e ineficiencia, lo llevaron a no tocar la verdadera agenda del poder. Por el contrario: generó condiciones económicas desde algunos ministerios, como el de Hacienda, que terminaron fortaleciendo al modelo agroexportador y a sus privilegiados.

Ilusiones, lugo, 20 de abril

Fotomontaje. Fuente propia

Lugo no tendrá liderazgo ni personalidad en el gobierno. Pese a su apariencia de distraído, débil, taciturno y confundido, Lugo ha demostrado que en pocos meses aprendió habilidades políticas que hasta hoy le permiten calafatear un barco que se mueve como corcho en las turbulentas aguas políticas agitadas por sus aliados y opositores, por los violentos embates de la extrema derecha, por las presiones de las izquierdas, centros y derechas, y en medio de un Estado corrupto, ineficiente y prebendario. Pese a sus limitaciones políticas y sus tonteras, propias de cualquier ser humano, y a los favores del azar, Lugo ejerce un liderazgo sobre sus más cercanos y principales colaboradores e impone límites y libertades claros dentro de su gobierno. Baja una línea de no robar, trabajar duro y cuidar la legalidad, y hace respetar esta dirección hasta donde le permite la estructura del Estado oligárquico, prebendario y corrupto. Distribuye cargos entre sus aliados con tal habilidad que morigera las apetencias de sus colaboradores y partidarios más hambrientos. Mostró que puede echar del gobierno sin problemas emocionales hasta a sus amigos y compadres con simples mensajitos de texto. Y hasta hoy no da señales de estar enriqueciéndose con tráfico de influencia. Mostró también que se puede ser sensato estando en el efímero clima del poder: no golpea la mesa ni habla fuerte ni roba. El liderazgo de Lugo es  el dejar hacer sin aparente dirección. Es hacer cambios, pero hasta donde le permite el Poder Real para terminar su gobierno.

El gobierno de Lugo caerá pronto. Hasta el más optimista de los electores que votó a Lugo en los comicios de abril se habrá sorprendido cómo Lugo llegó hasta hoy sentado, sin muchos peligros reales de caer, en el sillón presidencial. Los augurios de muchos políticos de los partidos tradicionales, de los propietarios de medios, de los analistas políticos y de poderosos empresarios no se cumplieron: Lugo pasó la mitad de su periodo de mandato y sólo un accidente extraordinario,  la locura o la muerte pueden impedir que termine su gobierno. Es que ni el más agudo habrá previsto que el ex obispo de San Pedro podría ser tan claro en sus actos para trasmitir tranquilidad a los grupos de poder real de que con él, sus intereses no están en peligro.  Generó cierto temor con algunos discursos a sectores reaccionarios de la oligarquía, pero los mensajes eran más para halagar los oídos de los “izquierdistas” que anuncios de herir los intereses del poder.  Para sostenerse en el gobierno ante los embates de la extrema derecha, Lugo desarrolló dos estrategias claves: a) se apoyó en el respaldo de los gobiernos de la región aglutinados en la Unasur (este es el objetivo de sus frecuentes viajes al exterior) y mantuvo buenas relaciones con los EE.UU., sabiendo que en un país neocolonial como el nuestro, la comunidad internacional, principalmente algunos países como Brasil o los EE. UU., deciden en política interna, y b) concedió cargos a las organizaciones sociales y partidos de izquierda en su gobierno, incluso más de lo que debería si tuviera en cuenta la aún escasa fuerza política de estos sectores, pero asegurándose de que, si las circunstancias exigían, serían estos los que lo defenderían, sabiendo él que la legitimidad expresada en las calles, en últimas, es la que salva a los gobiernos de la caída.

El gobierno de Lugo solucionará los problemas sociales y la pobreza. La rebosante esperanza de la mayoría del país cuando Lugo ganó los comicios fue tal, que muchos pensaron que el “obispo de los pobres” resolvería el problema de hambre,  falta de trabajo y corrupción del país. Eran deseos que no podían cumplirse por ser aquellos problemas históricos que requieren mucho tiempo para solucionarse. No obstante, el gobierno consiguió aumentar el goteo de recursos y dio mejores servicios desde el Estado a los sectores más pobres de la sociedad, otorgando balones de oxigeno que, sin embargo, terminarán. Lo consiguió manejando con más eficiencia el aparato público y administrando con más honestidad los recursos públicos del pequeño Estado Oligárquico. Resultados que marcan diferencias con los anteriores gobiernos colorados. Pero si bien hace mejor las cosas dentro del Estado, influyó para que fuera del Estado, en la sociedad, la gente no se movilizará, se conformará, no se organizará, contribuyendo a generar falsas expectativas y ejecutando duras represiones contra los que se animaban a salir a las calles. Así, se evitó una acumulación de fuerzas que pudieran confrontar en algún momento con la estructura de poder que sostiene la estructura económica excluyente del país. En síntesis, mejoró la administración del Estado, pero no contribuyó en nada para modificar aquellas estructuras, que, intactas, seguirán produciendo pobres, excluidos y migrantes en cantidad industrial.

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