A llorar al cuartito

Opinión: el último capítulo de los sistémicos y seculares quiebres institucionales en el subcontinente de América acaba de consumarse en Paraguay. 

Imágenes de Federico Franco asumiendo el mando presidencial, y del ex presidente Lugo durante una entrevista.

El último capítulo de los sistémicos y seculares quiebres institucionales en el subcontinente de América, diseñados por Washington, financiados por los consorcios transnacionales y ejecutados por sus mercenarios locales con la ayuda de la deficiente gestión política y económica de gobernantes progresistas o al menos bien intencionados, acaba de consumarse en la patria paraguaya.

Escenario propicio para instalar otra pieza dramática, a tres años de Honduras, donde la puesta en escena tuvo como figurín al Poder Judicial, en sustitución de la criminal y ladrona cúpula militar centroamericana, con profesores y alumnos formados en la Escuela de las Américas y diseminados por todo el continente.

Los arquitectos del golpismo, fanáticos de la equidad, decidieron que lo más justo era darle vacaciones a los Ministros de la Corte hondureña, bien remunerados por su gestión y, por lo tanto, la nueva puesta en escena correspondía al Legislativo paraguayo, cuya misión era la de quebrar el incipiente proceso de cambios, iniciado el 15 de agosto de 2008. El costo del alquiler de los votos infames aún se desconoce.

Para tan glorioso acto era indispensable hacer gala de legalidad, ejercicio alienador que no sólo la derecha practica, sin importar el grado de legitimidad que posteriormente pudiera conceder el soberano pueblo a tamaña canallada. El tercer capítulo de la obra que podría titularse «Operación Relámpago», podría estar ya pergeñado por la inteligencia imperial al interior de algún Poder Ejecutivo de la media docena de impertinentes.

Subir al escenario, con la misión de prender un fósforo al combustible que el gobierno de Fernando Lugo se había encargado de almacenar con su inoperancia, no era obra de valientes ni mucho menos de suicidas por amor a la patria, sino que el guión estaba escrito pero la apertura del teatro aconsejaba esperar debido a que el concierto regional no era propicio.

La renovación política gobernante que exhibe Sudamérica desde hace una década, que le ha permitido crear algunos organismos de cooperación, en particular la UNASUR que por encima de sus balbuceos y limitaciones, es el primer escudo que se ha levantado al predominio hemisférico de Estados Unidos, fuerza la imaginación de los estrategas del Pentágono para repeler con éxito cualquier intento autonomista de alguna administración que aparezca con sensibilidad social.

A Lugo, muy diferente al cinismo discursivo de sus victimarios, no lo desplazaron por lo que no fue capaz de hacer, sino por lo que hizo y lo que estaba obligado a impulsar en el año que le restaba de su enclenque poder, el que de todas maneras constituía un escollo difícil de superar por las fraccionadas fuerzas coloradas y liberales endeudadas con los grandes capitales internos y transnacionales, sin ninguna garantía de ganar en abril.

Tras la felonía, Federico Franco comenzó hablando de reparar la injusticia rural, dando tierra a las familias campesinas marginadas, y ofreció otras mejoras, sin siquiera mostrar capacidad para presentar algo novedoso en su panoplia de promesas expresada ante el Congreso, una cacofonía de los seis principios del programa de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), que en su papel de Vicepresidente y enlace con el Parlamento, se encargó de sabotear durante estos cuatro años.

La impericia en la gestión, las divisiones y el egoísmo que se ha verificado fácilmente en las filas del heterogéneo gabinete de Lugo, hoy son puestos al desnudo por todos los órganos de la prensa comercial, de papel trascendente en el golpe palaciego ejerciendo con esmero su función inaugural de principal partido político de la derecha nacional.

Ningún fariseo mediático recuerda estos días que ahora hay atención gratuita en los hospitales, sino que destacan la insuficiencia de los servicios, omitiendo que eso se produce porque la demanda de cuidados creció exponencialmente frente al humillante comercio que se practicaba anteriormente en los centros de salud, donde se ingresaba sólo con recomendación de algún seccionalero o con el pañuelo colorado al cuello.

Tampoco mencionan que fue la administración de Lugo que consiguió que Brasil triplique sus pagos por la energía paraguaya que desde hace dos décadas se llevaba por chauchas y palitos, pero a cambio de esos logros en beneficio del país, se enfatiza en los diarios, radios y canales del empresariado mediático, en las deficiencias y desviaciones cometidas por miembros del Ejecutivo.

Es una guerra de intereses, más que ideológica, en la que hay que reconocer que los enemigos del proceso de cambios expresan en sus actos más coherencia que los impulsores de la política que había comenzado a instalarse en el país desde antes de abril del 2008, en especial desde seis años antes, cuando el intento privatizador, que ahora renace, fue derrotado por la movilización popular, única herramienta capaz de vencer a los enemigos del pueblo y rematadores del patrimonio nacional.

En la necesaria respuesta a tanta vileza, dos o tres cosas reclaman urgente atención si queremos recuperar la mística que, cuatro años atrás, quebró la cadena de gobiernos colorados. Para nada sirve llorar lo que se ha perdido, salvo que ello sea el anticipo de una reacción en masa para que este tipo de atropello a la decencia humana no tenga más lugar en el país.

1) Se impone una autocrítica pública de todos los conductores de las instituciones y de los partidos y organizaciones de trabajadores del campo y la ciudad, con lo cual hasta se sentaría docencia política en un país donde la comandancia jamás ha hecho un balance honesto de sus errores, pese a ser la causante de la decepción que se constata en algunos sectores de la ciudadanía, cuya nueva postura evidencia felizmente un notable crecimiento de su conciencia y compromiso social, que está dando nacimiento a un nuevo país.

2) Ese nuevo pensamiento que el pueblo expresa de muy diferentes maneras, tiene que ser valorado, alimentado y capitalizado.

3) La única figura del espectro nacional que aún tiene un caudal importante de seguidores por conciencia y no por intereses mezquinos, es Fernando Lugo, quien tiene el deber de ponerse al frente de los partidarios del cambio, con una depuración de sus propias filas, la presentación de una plataforma más profunda de gobierno y un programa unificador de todas las fuerzas democráticas que, en número mayoritario, están en los propios viejos partidos, las cuales deberán sumar con los movimientos sociales, organizaciones de trabajadores y partidos progresistas.

4) De nuevo Lugo es desafiado por la historia:  de Obispo pasó, con armas y bagajes, a Presidente de la República, y ahora las circunstancias le reclaman que se ponga al frente de su pueblo, comenzando por explicar en cabildos abiertos por todo el territorio nacional,  lo que hizo bien y lo que hizo mal y lo que, ahora, son su experiencia, podría hacer si la ciudadanía lo acompaña y es capaz de actuar con lucidez requerida y la honestidad que es esencial en todo servidor público.

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