A la memoria de Nora Bouvet

Como acostumbran decir los paraguayos al despedirse: “jajoecha jey peve!”. Hasta que nos volvamos a ver.

  • Nora Bouvet fue una docente, investigadora y crítica literaria de la Universidad Nacional de Rosario.

  • Sus principales obras están dedicadas a la cultura paraguaya, Poder y escritura. El doctor Francia y la construcción del Estado paraguayo (Eudeba, Bs. As., 2009) y Estética del plagio y crítica política de la cultura en Yo el Supremo (Asunción, Servilibro, 2009).

Por Carla Benisz del Centro de Estudios de América Latina Contemporánea (CEALC) de la Universidad Nacional de Rosario

Me levanté esta mañana con la sensación de que sería un día de mierda. Nada diferente quizás a muchas otras mañanas de trabajo agotador en la escuela pública, pero cuando a las 7.40 me llamó la hija mayor de Nora Bouvet –a quien no conocía personalmente- y se presentó, me cayó toda la mierda del día encima.

Nora no estaba bien; venía luchando con el “más feo” –como me dijo la última vez que nos citamos largo- desde hacía casi dos años. Yo –en tanto- permitía que mi lucidez diera paso a mi egoísmo y pensaba que iba a zafar; estiraba mis citas con ella porque era un placer contaminarse de su ironía, sus comentarios mordaces y sus anécdotas de investigadora forjada en treinta años de luchar con documentos perdidos, burocracias institucionales, mediocres encumbrados y los mal cuidados archivos del estado paraguayo.

No la tuve formalmente como docente y eso me significó una falta. Me preguntaba cómo hubiera sido compartir con ella la rutina de una cursada y, habiendo incursionado en sus libros e investigaciones, supuse que ella no esperaría de sus alumnos menos que lo que podían dar, con la misma exigencia y meticulosidad con que ella forjaba su objeto de estudio. O incluso, le daba una forma impensada.

Ya que su libro Poder y escritura. El doctor Francia y la construcción del estado paraguayo (2009) es un enfoque innovador sobre la dictadura de Francia, surgido al calor del cruce teórico entre la crítica literaria (fundamentalmente, la crítica genética), la historia y la literatura; un enfoque que se adentra en la constitución misma del Estado, las redes que le dan cuerpo y presencia en la vida cotidiana de los sujetos.

Así fue como la burocracia de la colonia contribuyó al forjamiento de ese sujeto a quien Nora –investigadora apasionada- le dedicó gran parte de su vida, el Doctor Francia. No es gratuito el lugar que ella se ha ganado como cita obligada entre los investigadores de los estudios sociales sobre el Paraguay. Por eso, mucho más que una necrológica, mis pretensiones al escribir esta nota son enérgicamente reivindicativas.

Hay una parte en sombras que vale la pena destacar. Algunos datos biográficos, no todos ya que superan largamente los que yo pueda aportar. Nora Bouvet era profesora jubilada de la Universidad Nacional de Rosario, pero mantuvo hasta el final su plaza de investigadora y –en la última etapa- se abocó a la investigación del archivo de la Guerra de la Triple Alianza: novelas, relatos y discursos históricos que condujeron a la constitución del imaginario de la guerra, que en muchos aspectos aún perdura.

Rigurosa con su investigación, no lo era menos con las de otros, aunque algunas de sus críticas más mordaces las dejaba para el comentario irónico

De ahí los “empecinados retornos al archivo” a los que ella se refería, cuando la supuesta historiografía moderna y “objetiva” repetía esquemas superados. Sus últimas pasiones eran los relatos sobre la figura de Madame Lynch y esa escondida nouvelle de Roa Bastos, El sonámbulo (Mario Castells y yo aún le debemos la búsqueda de aquel artículo de Ángel Rama, pero prefiero evitar la cuenta de las deudas que dejamos sin saldar).

Rigurosa con su investigación, no lo era menos con las de otros, aunque algunas de sus críticas más mordaces las dejaba para el comentario irónico. Su rigurosidad la llevó a hacer del Paraguay una patria alterna y su amor por ella -que no era un afecto acrítico, folklórico, a la manera en que tanto les gusta a los que detentan el poder en el país- la hizo sobreponerse a la fatal desgracia que le tocó vivir allí, el fallecimiento de su marido durante un robo en el departamento de Caaguasú. “Cuando me hablás del Paraguay, vos sabés lo que me tocás”, le dijo a Mario el día que me la presentó. Y sí, sabíamos –yo lo supe a partir de entonces- de lo que le hablábamos.

En aquel momento comenzó una relación signada por la afectuosidad creciente y su constate generosidad. Entre algunos de sus gestos con nosotros y con el Centro de Estudios sobre América Latina Contemporánea de la U.N.R., del que formamos parte, contamos con el discurso estimulante que nos ofreció en la presentación de Rafael Barrett. El humanismo libertario en el Paraguay de la era liberal de Carlos y Mario Castells y su participación activa –dentro de las posibilidades que le dejaba su enfermedad- en el IV Taller “Paraguay desde las Ciencias Sociales” que organizamos junto con el Grupo de Estudios Sociales sobre el Paraguay de la U.B.A. Motorizada solamente por la intención de incentivar a los jóvenes investigadores, apasionados como ella. Es poco frecuente tanta generosidad en la cátedra universitaria, por lo general prestigista y hasta de un escolasticismo medieval.

Un otro eje: la literatura. Siempre desde el archivo, desde la materialidad del papel, la escritura, el cuerpo en el texto, “el cuerpo del delito” me dijo cuando me mostró algunos de los textos que Roa Bastos había marcado, subrayado y profanado mientras escribía su Supremo y que ella había conseguido gracias a Mirta Roa y la Fundación Roa Bastos. Conservo aún algunos de los libros de Nora. Su subrayado –operativo fundante para cualquier crítica- por momentos tiranizó mi lectura; era muy visible la Nora que se escondía en el seguimiento de esas líneas.

Temo ahora, y como una de esas nimiedades ruines a las que nos obliga la ausencia, apegarme a sus marcas para seguir prolongando nuestras conversaciones. Entre ellas, encuentro las huellas profundas de su Estética del plagio (2009), minuciosa radiografía solo parida por la investigación constante, que desde el indicio programa la exhaustividad.

Podemos evocar cuántos años le llevaron esas trescientas y pico de páginas en la densidad de su escritura y la visibilidad de la biblioteca que la sostiene; trabajo poco menor si tenemos en cuenta que su objeto de análisis es Yo, El Supremo, monumento de la literatura latinoamericana, complejo edificio del que pocos críticos salieron ilesos; entre ellos sabemos que perdurará la obra de Nora.

Carla Benisz

CEALC

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