A golpe sicario y corporativo, fuerza popular

A un mes de la Masacre de Curuguaty, la matanza que sirvió como plataforma para el Golpe de Estado Parlamentario.

Ilustración: Nelson Marín.

Para el subcomisario Sever Lovera, 40 años, era un procedimiento más. Se trasladó de Ciudad del Este a Curuguaty.  Llegó a la mañana temprano.  Se acercó a los campesinos asentados para conversar, como era protocolo y casi costumbre, pero unas balas certeras en el hombro lo dejaron sin luz. No tendría tiempo de recordar a sus tres hijos, su amable mujer, maestra de primer grado en una escuela nacional de Ñemby, y tampoco a su padre campesino, esforzado, que lo envió al Liceo Militar y luego a la carrera policial. Serven, hombre entrenado en antidisturbios, operativos antiterroristas, y otros aspectos de las agrupaciones especializadas, en Estados Unidos, Argentina, Colombia, jamás hubiera imaginado que unas balas de precisión inundarían aquel cuadro, desde unas lomadas de aquel extenso territorio conocido como Marina Cue, y que, como tantas las cosas, fuera usurpado al Estado paraguayo durante la dictadura de Alfredo Stroessner para convertirse en Campos Morombi, a nombre de Blas N. Riquelme. El comando policial extenso, con armas poderosas, disparó a todos los campesinos que estaban en la ocupación, los persiguió,  los torturó, los ejecutó, en una cacería que nos recuerda aquellos operativos contra dirigentes de las Ligas Agrarias comandados por Pastor Coronel. Luego mostrarían a la prensa unas escopetas caseras incautadas de los campesinos. Las armas de alta precisión que produjeron las primeras muertes nunca  aparecieron.

Sobre las hipótesis mucha tinta corrió en los medios alternativos. En cambio los grandes medios literalmente nos sometieron a un electroshok, justificando la mayoría de ellos plenamente la masacre de los malvados campesinos frente a los indefensos policías  y cercando a la gente en el miedo en los días del golpe sicario formalizado por el Parlamento Nacional. El golpe sicario y corporativo vendría a cerrar un extraño escenario político, de falsa polarización entre derecha e izquierda, y un gobierno encabezado por Fernando Lugo que retrocedió ante los poderes reales durante los cuatro años, resignándose a institucionalizar ciertos servicios sociales que durante décadas nuestro pueblo reivindica en su ancestral miseria, como el derecho a la salud gratuita y la extensión de la ayuda michimi a la pobreza extrema. El golpe sicario y corporativo también dejó en claro las fuerzas reales en este país y quien quiera seguir traficando con el favor de los patrones terratenientes, como lo hicieron Lugo y ciertos dirigentes, debe saber perfectamente que ellos podrán sentarse a la mesa pero nunca estarán de tu lado (Fito Páez) El golpe corporativo también definió a mucha gente que en su vida supo que era había sido de izquierda . Ya sabemos que las primeras medidas del golpismo ampliaron el territorio de un modelo que en nombre del progreso se queda con nuestras tierras y los recursos naturales. La aceleración de las negociaciones con Río Tinto Alcán, la concesión monopólica de la exploración y explotación de gas y petróleo en el Chaco a la trasnacional norteamericana Dahava Petróleos,  y la habilitación del algodón transgénico son las más importantes. Esta gente que ahora se llena la boca de soberanía es la misma que entrega todos nuestros recursos naturales a las trasnacionales, quedando el territorio completamente a merced de ellas, con sus extensos territorios, con sus fumigaciones aéreas, con la destrucción completa de nuestros bosques, con el saqueo impune de toda nuestra energía vital. En el 2023 cierra el contrato de cesión a Brasil de nuestra energía excedente. Adelantarse a capturar 12 por ciento de toda la energía producida en Paraguay en manos de una trasnacional que producirá aluminio para Brasil, con todos los insumos importados,  es una jugada geo estratégica. Y por el lado de los transgénicos ya sabemos todo lo que implica en deforestación, desahucio de comunidades campesinas e indígenas y la concentración final del 80 por ciento de nuestras tierras en manos del dos por ciento de la población.

El golpe corporativo también es preventivo. El gobierno de Lugo fue muy beneficioso para el agronegocio y la reexportaciòn, pero detrás, lo han sostenido abiertamente Gonzalo Quintana y Alfredo Jaegli, pueden venir a reclamar sus parcelas de poder las fuerzas sociales campesinas. Estas, claramente, son sus enemigos reales. Y es lógico que así lo entiendan los terratenientes que hacen pastar una vaca en dos hectáreas. Son las personas que resisten en un campo que el agro negocio definió, hace tiempo ya, como su territorio de expansión. Es una guerra de exterminio bajo la excusa barata del progreso y sus supuestos beneficios.  Es la guerra por la comida y el tekoha. Es una lucha literalmente entre la vida y la muerte. Es por eso que las balas de Curuguaty, el golpe sicario, el terrorismo mediático y la obsecuencia dela Iglesia no detendrán la lucha.

Aun con el inmediato antecedente de lo ocurrido en Curuguaty, las nuevas ocupaciones como la de Capiibary demuestran que la lucha por la tierra en Paraguay es un poquitín superior y algo más esencial que los reclamos del after ofice revolucionario. Si las fuerzas políticas emergentes comprenden profundamente lo que pasó y lo que se debe efectivamente representar, ya sea en las elecciones generales del 2013 como en la agenda de lucha común, es posible que el horizonte de nuestro país sea un poco más alentador de lo que se estima.

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