A favor de la enmienda

Por Santiago Ortiz

Estoy a favor de la enmienda porque creo que para jugar el partido del 2018 debemos tener habilitados a todos nuestros jugadores a fin de enfrentar unidos a los candidatos de la derecha cartista y no cartista.

Estoy a favor porque durante cuatro años vi cómo los legisladores del Frente Guasu (FG), a veces solos, se opusieron a todas y cada una de las medidas antipopulares del cartismo y sus aliados.

Estoy a favor porque considero que para lograr una gran coalición que derrote al cartismo todos los sectores de esa coalición tienen derecho a participar con sus candidatos.

Me dirán que es un riesgo demasiado grande y, por supuesto, que lo es. Asumimos el desafío y lo asumo con total integridad porque durante los últimos 5 años he estado, junto con muchos otros compañeros y compañeras, en todas las expresiones de resistencia de nuestro pueblo y si se diera el caso de ser derrotados seguiremos estando en la primera fila de la resistencia.

Estoy de acuerdo porque desde hace 25 años el mismo poder fáctico gobierna este país e imponen, a través de los grandes medios de comunicación, la creencia de que sus intereses son los intereses de toda la sociedad.

Y, fundamentalmente, estoy de acuerdo porque creo que el triunfo sobre el cartismo es posible. Porque como trabajadores y trabajadoras podemos y merecemos vivir mejor y eso solo se va a dar con un proyecto alternativo que triunfe en el 2018.

Respeto a los compañeros y compañeras que tienen una postura diferente. Así también espero que respeten nuestra postura de ir al frente en la disputa y que sigamos construyendo, más allá del resultado de la enmienda o el referendo, la unidad del campo popular en su objetivo programático, en la acción para llevarlo a cabo, en la fortaleza electoral y en todos los frentes que resulten necesarios con vistas a que el producto del trabajo sea restituido a sus legítimos dueños: los trabajadores y trabajadoras que cuecen diariamente el pan de nuestra mesa, que construyen las paredes y techos que nos guarecen, que nos llevan y traen de la casa al trabajo, que hilvanan las prendas que nos protegen del frío y el calor, que tienden los cables y las lámparas que nos iluminan, que instalan las cañerías que hacen chorrear el agua de la vida en nuestros grifos. Si los trabajadores paran, el mundo entero se detiene. Este poder también se puede ejercer en las urnas.

Nota editada a las 21.30 horas

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