3 de febrero, o cambiar para que nada cambie

El partido colorado, sostén de la dictadura.

Cuando el golpe, Stroessner cumplía su nuevo período de gobierno 1988-1993.  Foto: Meves.

Hoy se cumplen 25 años de aquel 3 de febrero en que fue derrocada la dictadura de Alfredo Stroessner.

Cayó la dictadura – qué alivio! – y todo lo que a ella acompañaba. No. El 3 de febrero de 1989 cayó la dictadura, hasta ahí nomas. Todo el resto quedó tal cual estaba, y la mayor, y peor, parte de ese resto aún permanece. Y por lo que se ve es posible augurarle larga vida.

Entre lo que quedó igual podemos citar la justicia al servicio de los poderosos, la mediocrización de la cultura y la anulación del pensamiento crítico, la injusta distribución de las tierras, la corrupción, la entrega de los recursos naturales. De lo que quiero ocuparme con cierto detalle ahora es del apoyo e identificación del partido colorado con la dictadura stronista.

Una de las consignas repetidas hasta el cansancio durante la dictadura de Stroessner hacía referencia a la «unidad granítica» entre el gobierno, las fuerzas armadas y el partido colorado. Sobre ese trípode se apoyaba la dictadura, cada estamento tenía una función específica y en cada una de ellas el dictador ejercía el mando efectivo: era Presidente de la República, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y Presidente Honorario de la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado).

La dictadura stronista recibió apoyo incondicional y soporte estratégico de una gran variedad de maneras. Algunas de esas formas de soporte y apoyo fueron:

  • El funcionamiento de una red de delación que abarcaba todo el territorio nacional y se extendía a las diversas comunidades de emigrados y exilados paraguayos en el exterior. La función delatora la cumplían los «pyragüé» (palabra guaraní que se puede traducir por delator, espía), personas de todos los niveles sociales, insertas en las más variadas organizaciones de la sociedad civil y en las mismas fuerzas armadas, pero ubicadas fundamentalmente en la base social. Constituían el elemento primario de la inteligencia del aparato represivo, a la vez que disuasorio, pues este método de espionaje fue un eficiente mecanismo de control de las personas consideradas sospechosas y de las organizaciones sociales o políticas. La posibilidad de delación imponía la necesidad de un permanente estado de alerta y generalizó la desconfianza entre vecinos y compañeros.
  • El partido colorado se constituyó en una verdadera fuerza de choque a la que recurría la dictadura las veces que necesitaba reprimir a la ciudadanía en la calle. A lo largo de la dictadura se formaron varios grupos parapoliciales y paramilitares integrados por afiliados del partido colorado. Los primeros grupos de choque para reprimir los movimientos campesinos y exterminar a los grupos armados que actuaron durante la primera década de la dictadura, los constituyeron las milicias coloradas, formadas sobre la base de lo que habían sido los pynandi (descalzos) que contribuyeron grandemente a la victoria colorada en la guerra civil de 1947. También durante esa época actuaba en Asunción y alrededores la temida guardia urbana. Ya en la época de Pastor Coronel al frente del Departamento de Investigaciones de la Policía, se formó principalmente con colorados de su pueblo natal, San Estanislao, el grupo conocido como los macheteros de Santaní. La represión urbana tuvo a empleados y obreros de diversos órganos estatales (Corposana, Antelco, ANDE, ministerios) armados con palos, cadenas, tubos de goma, etc., como apoyo a la fuerza policial para disolver y garrotear a manifestantes callejeros.
  • Los locales partidarios, las famosas Seccionales Coloradas, diseminados por todo el país, incluso en aquellos lugares que carecían de comisarías policiales, se constituyeron en amparo y cobertura del aparato represor.
  • La capacidad movilizadora del partido estuvo al servicio de la dictadura. Obviamente el momento principal lo constituían las elecciones que maquillaban de democrático al régimen y en las que el candidato presidencial, el General Stroessner, obtenía porcentajes en torno al 90. Pero también esta capacidad se ponía de manifiesto cuantas veces el General necesitaba demostrar que gozaba del apoyo popular (visitas de presidentes extranjeros, por ejemplo). El calendario fijaba dos fechas de multitudinarias manifestaciones coloradas: el 11 de setiembre, aniversario fundacional, y el 3 de noviembre, la «fecha feliz», día del cumpleaños. Con el correr de los años esta segunda ocasión fue siendo copada por romerías de aduladores.
  • El partido colorado fue desarrollando un modelo prebendario mediante el generalizado clientelismo en la actividad política de sus cuadros, afiliados y simpatizantes. Este clientelismo, sustentado en fondos públicos, se constituyó en una formidable arma electoral que permitió, a pesar de la repulsa popular a la derrocada dictadura, la permanencia del partido colorado en el gobierno hasta nuestros días, excepto el intervalo del 2008 al 2013.
  • El discurso comunicacional desarrollado por el partido colorado fue un poderoso instrumento para el sostén de la dictadura, aparte del aparato represor. Fueron importantes figuras del partido colorado (no militares o profesionales especializados) los que desarrollaron las bases ideológicas sobre las que se sustentó la dictadura: «unidad granítica entre gobierno, fuerzas armadas y partido colorado», «democracia sin comunismo», «paz y progreso», el «coloradismo eterno con Stroessner», el «único líder», que se difundía a través de la Cadena Paraguaya de Radiodifusión, la Voz del Coloradismo, el Diario Patria y la colaboración interesada de los principales medios de comunicación privados, algunos de los cuales se presentan hoy como campeones antidictatoriales y paladines de la democracia.
  • El discurso comunicacional colorado configuró el ejercicio de la política como la afirmación de una identidad excluyente, el «orekueté» (sólo nosotros). La sociedad se concebía como dividida en dos partes opuestas, en lucha. Por un lado los buenos, los colorados, inspirados en principios nacionalistas, siguiendo el ejemplo de los próceres y héroes nacionales (que nadie sabía exactamente lo que pensaron o hicieron, excepto que defendieron la patria). Enfrente, los antinacionales, la «conspiración líbero-franco-comunista», recibiendo órdenes y apoyo nacional desde el extranjero. No podía ser tolerada la disidencia, los primeros años de la dictadura se caracterizaron por frecuentes purgas, tanto en el partido como en las fuerzas armadas.

El partido colorado, pueblo y dirigencia, asumió conscientemente el apoyo a la dictadura, se identificó con ella. En el plano simbólico nombró al dictador como su Presidente Honorario, el retrato del General Caballero, el fundador, nunca aparecía sin la compañía del General Stroessner, y con el tiempo fue empequeñeciéndose. Stroessner continuó siendo Presidente Honorario aún después de su derrocamiento, hasta el día de su muerte. El honor no le fue retirado ni póstumamente. La mayoría de los dirigentes colorados actuales no puede ocultar su turbación cuando la figura del dictador es públicamente cuestionada. No hubo ningún pronunciamiento oficial del partido que denunciara, repudiara o condenara  la dictadura. Excepto la sustitución de algunas figuras emblemáticas y la incorporación de unos pocos exiliados, continuaron las mismas personas.  El sostén del partido colorado a la dictadura stronista continúa tan íntegro como en aquellos tiempos tenebrosos.

 

 

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