15 de Agosto… Te espero

Espero el 15 de agosto, porque ese día marcará un punto y aparte en algunas cosas, en otras solo será unos artificiales puntos suspensivos y negritas para impresionar que es algo distinto.

Fuente de Imagen: Fanpage de Horacio Cartes

Terminará el nefasto gobierno artificialmente impuesto por un golpe de estado parlamentario (mal llamado juicio político). Terminará la payasada a la que se prestó uno de los partidos con más trayectoria de lucha durante la Dictadura Stronista, el Partido Liberal. Se sacarán el maquillaje blanco, la sonrisa roja enorme, la nariz roja de plástico, el disfraz, por supuesto llevándose varios trozos de torta extra para la tía, el abuelo, el primito, etc, de la fiestita que animaron estos meses.
Viendo la televisión pública de programación limitadamente golpista, tal vez los últimos documentales sobre la dictadura stronista (el gobierno que asume es colorado, el mismo que aún tiene como miembro honorario al dictador stroessner)…

Mirando rostros y escuchando historias de personajes politicos que marcaron mi infancia con el orgullo de verlos luchar por un país libre, viendo fotos donde recibían los mismos golpes que brindan cada tanto sus policías, ahora desde el poder arrebatado, a quien se manifieste en contra de este gobierno bastardo. Y aun los recuerdo jóvenes idealistas, médicos aún estudiando, abogados recién egresados, liberales, comunistas, febreristas, algunos pocos colorados, exponiendo la vida en cada manifestación, en cada festival, en cada mitin… Los recuerdo vívidamente, y recuerdo la admiración que me producían esas barbas rebeldes, esos gritos libertarios y desafiantes a un poder absolutista y autoritario que nos oprimía entonces en los últimos años de la dictadura…

Éramos simplemente opositores… Nadie veía diferencias de colores, incluso de ideologías… Aquella masa irreverente de jóvenes tenía un motivo para unirse, un motivo para ser simplemente oposición. En ese tiempo o se era stronista o se estaba en contra con todas sus consecuencias. Yo viví sintiendo esa oposición valiente en mis venas, cantaba «patria querida somos tu esperanza» antes que aprender a cantar «arroz con leche». Dibujaba manifestantes con pancartas en sus manos, y banderas de todos los colores rodeados de policías con las temidas siglas del terror «pm» (policía militar), en vez de dibujar a súper man o mazinger zeta. Mis héroes eran ellos… Y ese orgullo me unía a ellos incluso sin saber los ideales que defendían.

Con el golpe de Estado hace un año, apoyado por muchos de esos que habían sido mis héroes de infancia, no solo a mí, sino a muchos, se nos dividió artificialmente el corazón. La dicotomía, la incoherencia de verlos asumir el poder con la misma soberbia de aquél Stroessner al que ayudaron a derrocar. Nadie duda ahora que el pacto de la ultraderecha paraguaya para armar la masacre de Curuguaty, satanizar al gobierno democráticamente electo (llámese gobierno, no Lugo), y fungir de dueños de la voluntad popular, favoreció (como estaba previsto) al sector más maquiavélico del partido colorado (incluído stronistas) de varias maneras.

Los favoreció fracturando esa identificación de unidad que hizo posible en algún momento una verdadera y valiente oposición. Pyragués siempre existieron, pero al menos se ocultaban, ahora simplemente traicionaron a cielo abierto esa tradición de lucha, de ser oposición, convirtiéndose en una cuasi dictadura.

Los tanques pensantes colorados, aliados a tanques pensantes internacionales, lograron quebrar esa identificación con un pasado unificador, una lucha común. Nos enemistaron, nos pusieron a pelear como en una riña de gallos, viendo agonizar nuestras fuerzas. Sabían que nadie podría hacer maravillas en un año, y sabían que esa desesperación les haría tratar de llevar cuanto puedan como trofeo a su breve reinado. Sabían que la izquierda seria satanizada, perseguida, pero dejaron que ese trabajo sucio lo hagan los liberales, antiguos aliados… El plan perfecto consumado y sellado bajo un manto democrático de mayoría electoral comprada que nadie podría objetar.

Espero el 15 de agosto entonces… Porque por fin podremos no perdonar, pero sí dar vuelta la página, reubicar las piezas del tablero, y volver a ser una oposición sino sana, al menos no tan enferma de confrontaciones y acusaciones, que disipan nuestra energía. Podré volver a ver a los malos como malos y a los que fueron buenos alguna vez, no tan buenos ya, pero al menos haciendo el papel de buenos.

Por ello espero el 15 de agosto con ganas. No por creer en la historieta que un cambio de gobierno (sin cambio de personajes y poderes tras las sombras) realmente nos podrá guiar hacia un «nuevo rumbo», que por cierto, el calificativo «nuevo», no es garantía de buen rumbo. El slogan me recuerda a los productos que se exponen en las góndolas de supermercados con colores vistosos y la palabra «nuevo», que luego al probar el producto uno se da cuenta que lo único que cambió es el paquete.

Soy totalmente agnóstico a cualquier «nuevo rumbo», como lo fuí al «Viva Paraguay» que nos deja un Paraguay más bien para revivirlo que vivo. Mi ansiedad por el 15 de agosto entonces no es de esperanza por lo ñembo «nuevo» que se viene. Sino porque por fin volveremos a tener enemigos comunes por lo cual volver a ser una verdadera, valiente, consecuente e insoportable oposición.

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