130 años desde que verdeó la primera hierba

Esta fue la figura utilizada por Engels en el prefacio a la edición alemana (1883) del Manifiesto del Partido Comunista al darle continuidad material a Marx en el proceso de transformación de su cuerpo.

Karl Marx. Imagen: biografiasyvidas.com

Hoy es preciso traerlo hasta Paraguay. Ayer fue importante tenerlo entre nosotros. Siempre es importante conversar con la obra de Marx, sobre todo en tiempos de tanta confusión y en el marco de la crisis más importante que haya tenido el sistema capitalista en toda su historia.

Importante estar con Marx sobre todo por la insistencia que él tuvo en la superación humanista de los procesos de producción integral.
Marx en nuestro país hoy significa tener la idea clara de que la sociedad es la que determina las formas y los contenidos de sus estructuras de dominio; es saber que en la relación Sociedad-Estado/Estado-Sociedad existen influencias de un lado a otro que terminan definiéndose por el grado de conciencia de las mayorías acerca de las necesidades y posibilidades de superar su situación actual.
En 1846, junto con Engels produjeron un material titulado Ideología Alemana,  en el que generaron la siguiente definición: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente”.
El movimiento real que anule y supere al estado de cosas actual descansa en la condición histórico-universal del proyecto de liberación. Es de la identificación del capitalismo como modo de producción mundial que se desprende el proyecto de liberación de explotadas/os y excluidos/as.
El aporte de la Revolución Bolivariana –con la decisiva impronta de su líder, Hugo Chávez–  a la integración de nuestros pueblos con estructuras contrahegemónicas como Telesur, el ALBA, Banco del Sur, UNASUR, CELAC y una política de distribución y cooperación energética favorable a América Latina tiene un sentido antiimperialista y antimonopólico en potencia que mucho colaboró y seguirá colaborando en la integración de las luchas populares.
Sin lugar a dudas el internacionalismo practicado por la Revolución cubana cobró impulso con el triunfo de Chávez en Venezuela, que a su vez generó toda una oleada latinoamericana que se definió primeramente antineoliberal para luego concebir expresiones (algunas más discursivas que prácticas) anticapitalistas en algunos casos como Bolivia, Nicaragua y Ecuador.
La actual degradación del capitalismo nos interpela con horizontes bárbaros y/o superadores. La crisis de percepción en las formas de concebir, vivir y actuar en el mundo se instaló de derecha a izquierda en cabezas conservadoras, liberales y de izquierda.
Es urgente traer a Marx por la necesidad de rigurosidad –que nos recuerda el carácter falible de la ciencia–, el análisis de la correlación de fuerzas en términos de cantidad y calidad con base en particularidades influenciadas por fuerzas transnacionales, por la necesidad de conocer al enemigo y sus múltiples acciones.
Con el método marxiano podemos valorar las culturas, las cosmovisiones de los pueblos originarios que habitaron-habitan nuestro país, podemos valorar sus formas de producir vida de manera integral; con Marx valoramos la lucha de los Comuneros y la gesta de la independencia de 1811. La primera experiencia continental de Estado Nacional Popular Independiente, que se desarrolló en el Paraguay, merece una atención con el método marxiano.
La apuesta del imperialismo norteamericano para hacer de Paraguay un enclave para el saqueo de recursos naturales, aprovechamiento de cielo y monitoreo de procesos regionales debe ser identificada con responsabilidad por la izquierda que reivindica la tesis revolucionaria.
Mucho debemos trabajar, movernos, accionar y estudiar al servicio de los mencionados movimientos para dilucidar la amplitud del concepto de producción esbozado por Marx, pues desde un inicio él ubicó a la producción en un sentido integral que incorpora las conductas, los gestos, las pulsiones de mujeres y hombres. Por supuesto que también la producción de bienes y servicios, pero no de manera exclusiva.
Otro de los enormes ejes identificados por Marx fue el fetichismo en general y el de la mercancía en particular, pues la superación de las idolatrías sobre cosas materiales es fundamental para la liberación subjetiva que permita un gran relato de nueva sociedad cuya materialidad se oponga al modo de producción capitalista.
En el intento de darle movimiento al método marxiano, en reunión con Mario Ferreiro, allá por abril de 2012, le explicamos con toda sinceridad y de manera fraternal que, para el Partido Comunista Paraguayo, él reunía una experiencia, una trayectoria cuya acumulación fortalecía un perfil de comunicador, de trabajador de la cultura, pero no el de Presidente de la República. Comentamos con él que la experiencia en el manejo de tensiones y conflictos propios de los espacios de poder era fundamental a la hora de ejercer la Presidencia de la República.
Usamos de ejemplo a Lugo atendiendo a que llegó a obispo administrando las tensiones y conflictos propios del poder en nada más y nada menos que una de las dos instituciones más verticales del planeta, como lo es la Iglesia Católica. Sin embargo, de igual manera y con esa experiencia, a Lugo se le hizo cuesta arriba la administración de las tensiones y conflictos propios del poder; entonces, como Mario no tuvo experiencia en gremios estudiantiles, sindicales ni políticos, comprendimos que la situación sería mucho más difícil.
Mario nos dijo que lo que le mencionamos era cierto, pero que confiaba en la construcción de un equipo de trabajo y confiaba en su hermano Adolfo. Lo que en ese momento no le dijimos a Mario es que justamente su hermano no nos merece confianza política.
Y así continuamos nuestro proceso hasta el golpe de Estado que de vuelta nos requirió a gritos ese método marxiano que nos permita el análisis concreto de la situación concreta en diversas escalas. Lastimosamente no logramos consenso. Y no logramos consenso porque hasta ahora no logró erigirse en nuestro país una fuerza dirigente en sentido gramsciano, una fuerza dirigente que se yerga sobre pilares éticos e intelectuales que tengan clara y permanente expresión práctica, expresión que asiente la autoridad ganada por la  fuerza dirigente.
Hoy estamos a 130 años de la muerte de Marx y a unos días más de las elecciones generales en nuestro país, con esfuerzos enormes, con muchas luces y sombras en el movimiento popular y al mismo tiempo con una innegable mejor situación que años anteriores y con una derecha cada vez más vacía de discurso y de proyecto nacional incluyente.
El Frente Guasu no está constituido por una mayoría de fuerzas que reivindiquen el método de análisis marxiano. De hecho, los sectores de izquierda que nos reivindicamos marxistas no logramos profundizar en la autonomía, la rigurosidad y la profundidad que el marxismo reclama.
Es en este contexto que el llamado a la imaginación, a la creatividad, a la irreverencia planificada y disciplinada es fundamental para que la organización de nuestras estructuras sociales y políticas asuman con mucha apertura la sana confrontación de métodos para visualizar con la mayor claridad posible los contornos de la nueva sociedad que garantice la plena liberación de las capacidades de mujeres y hombres.
Es en esta continuidad dialéctica del paso de cantidad a calidad en la que pretendemos que la calidad sea superadora en términos humanistas; que en esta continuidad dialéctica en que la unidad y reacción de contrarios produzca una síntesis favorable a explotadas/os y excluidos/as que apostamos a la unidad de pueblo y a la expresión política unitaria denominada Frente Guasu.
Hace 130 años Marx empezó a verdear en la primera hierba y su oxígeno se fusionó con líderes de todas las latitudes y continentes para insistir en la unidad internacional de trabajadoras y trabajadores del campo y la ciudad, estén empleados/as o desempleados/as para reforzar la solidaridad, el apego, la posibilidad de vivir sin explotadores.
La Federación Sindical Mundial tiene una frase que sintetiza este deseo: un mundo sin trabajadores es imposible; un mundo sin capitalistas es necesario.

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