13 y 14/4 «La Babosa» en el Teatro Municipal


El Grupo Real de Teatro celebra 40 años de trayectoria con “La Babosa» obra teatral de Ovidio Benitez Pereira, basada en la novela homónima de Gabriel Casaccia Bibolini, con traducción al guaraní de Roger Bernalve.

Las funciones serán sábado 13 y domingo 14, de abril, a las 20:30 hs. en el Teatro Municipal.

El elenco está integrado por Katty Pacuá quien interpreta a Doña Angela “La Babosa”, Maria Luisa Garayo, Zandra Molas, Laura Marin, Nadia Capdevila, Ark Zena, Felipe Jara, Jose Maria Díaz, Wilton Vuyk, Eliseo Paniagua, Oscar Merliz y Joc Baldwin.

Vestuario: Rolando Rassmusen y Visualización escenográfica de Wilton Vuyk. Fotografía: Juan Reyes. Diseño Grafico: Diego Pusineri.

«El Grupo Real de Teatro de la mano de su director Roger Bernalve, sigue aportando al desarrollo de la cultura paraguaya. Los integrantes del elenco, son profesionales del teatro con amplia experiencia, entre ellos jóvenes, en su mayoría promotores culturales provenientes de la clase popular», destacó en una gacetilla de prensa.

De esta manera «hace posible que el teatro popular llegue a las comunidades, barrios y locales alternativos. Hoy, el sector popular quiere, gusta y necesita del Teatro; pues es una manifestación cultural que emociona, pudiendo lograr diversas sensaciones que lleva al público a la risa, al llanto, y a un tipo de diversión que los identifica y los motiva a la reflexión», agregó.

Para entradas con descuentos para estudiantes, contactar al (0981) 295 492-

La Babosa en opinión de Josefina Plá
La Babosa una novela que cala hondo en ciertos sectores de la realidad nacional (la dicotomía existente entre el campo y la ciudad, la vida en los pequeños pueblos, la precariedad económica del sector campesino, sus repercusiones en la configuración social de sus habitantes…), en algunas peculiaridades culturales (la falta de incentivos, la situación del escritor y su lugar en la sociedad, la religión y la superstición….) y psicologías hoy generalizadas (el espíritu de frustración, la resignación, el pesimismo), abre el ciclo de la novelística paraguaya. El escenario donde se desarrolla la acción de esta novela es Areguá. Con La Babosa, Areguá pasa a constituir el escenario por excelencia de su obra y a ocupar, con Comala y Macondo, un lugar de privilegio en la geografía de la narrativa latinoamericana.
La paz y la tranquilidad que observaría el típico turista cobran entonces un valor y un peso negativos. Para los habitantes del pueblo, dicha paz y tranquilidad están llenas de murmullos, chismes, cuentos, calumnias y otras miserias, y por lo tanto convierten la vida pueblerina en un verdadero infierno. Ningún escritor paraguayo contemporáneo muestra en forma tan clara y en un contexto tan realista aquella proscripción sartriana de que «l’enfer c’est les autres».

La Babosa capta la atmósfera de corrupción y deshonestidad que afecta a todo el aparato administrativo de esos años. Aquella alcanza tanto a los simples empleaditos públicos como a los más importantes ministros de gobierno. Si moralmente ambos grupos merecen el mismo repudio, la estrechez económica de los primeros casi los obliga a recurrir al fraude para seguir viviendo. No es tal la situación de los últimos y es hacia ellos donde recae la denuncia de la obra. El lector llega a justificar el delito del los policías cuando simulan ignorar la existencia (ilegal) de la «casa de juego que funcionaba… en la calla Perú» en base a lo miserable de sus sueldos. Por otra parte, la corrupción a gran escala está más arriba y la política parece ser su campo más apropiado.

Esa es la situación política de corrupción generalizada de la trágica década que aparece tan crudamente recreada en la novela de Casaccia y cuyas lamentables consecuencias aún las sentimos. A su prolongado alcance parecen referirse las últimas palabras del narrador-testigo cuando, ya desde el umbral de una nueva década, mira hacia el pasado, proyectándolo al futuro, y allí divisa a doña Ángela, símbolo de la década anterior, igual que antes, igual que siempre… «El único cambio que se advierte en ella es que desde la muerte de su hermana, ha mudado su vestido de sarga color verde botella por uno de luto riguroso». La principal herencia que ha dejado una década tan llena de sangre entre hermanos es justamente el luto por los que han muerto y el llanto por los que se han ido.
Aunque la novelística casacciana en general -y La Babosa en especial- refleje un profundo pesimismo, su autor, no obstante, sueña con un Paraguay muy diferente al actual. Así por ejemplo, en La Babosa se nos habla de la necesidad del autoabastecimiento como requisito previo al logro de una independencia básica. «El hombre debe bastarse a sí mismo. Depender lo menos posible de los demás», dice uno de los personajes y comenta seguidamente que «lo que este país necesita son artesanos…». Si bien Casaccia no predica la abolición de la propiedad privada, recobra, no obstante, las luchas fratricidas, la violencia inútil, la represión y los abusos de los gobiernos dictatoriales.

Casaccia no nos habla de las bellezas que circundan el lago Ypacaraí, de sus hermosas puestas de sol, de la esbeltez de la muchacha campesina, de su inocencia pueblerina, de la sencillez con que vive la gente. El observa la realidad y nos da la otra cara de la moneda: la decadencia y dejadez en que se encuentran tanto los elementos físicos -edificios, calles- como los humanos de ese medio, la falta de incentivos de carácter cultural y artístico, la precariedad económica en que vive la gran mayoría de esa gente y los abusos que sufre, la religiosidad mal enfocada y el espíritu de frustración y apatía, resignación y esterilidad, como consecuencias de la interacción de los dos medios, el físico y el social.

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