La pregunta me zumba los oídos desde que, a mediados del año pasado, me crucé con una patrulla
militar paraguaya en Puerto Príncipe, capital de Haití. Eran cerca de 6 oficiales vestidos, armados y haciendo un recorrido en un vehículo de transporte militar, como nunca me tocó ver en nuestro propio país. Formaban parte de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), un ejército multinacional compuesto por 9.080 uniformados, 487 funcionarios internacionales, 1.211 funcionarios haitianos y 207 voluntarios de la ONU, con un presupuesto de 611,75 millones de dólares anuales. Los países que conforman la MINUSTAH son de América Latina, como Brasil (quien lidera la Misión), Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y otros, los siempre presentes EEUU y países tan lejanos como Nepal, Sri Lanka y Jordania.
Según la sección MINUSTAH de la página web de las propias Naciones Unidas, ésta se constituye “habiendo determinado que la situación en Haití seguía constituyendo una amenaza a la paz y la seguridad en la región”[1]. Se trata del periodo de crisis política del 2004, cuando el Presidente electo, Jean Bertrand Aristide, “abandonó el país”[2] y las autoridades que se constituyeron autorizaron la entrada de las tropas para controlar la inestabilidad generada por diversas agrupaciones armadas.
¿Cómo funcionó dicha misión en estos 5 años? ¿Por qué Paraguay forma parte de la MINUSTAH, quiénes lo decidieron, quiénes evalúan sus acciones y cuántos saben efectivamente lo que allá está ocurriendo? ¿Qué sucedió en Haití para que deba ser “estabilizado”? ¿Es el país más pobre del hemisferio, históricamente víctima de múltiples formas de violencia extranjera, una “amenaza para la región”? ¿Qué piensan los haitianos de todo esto?
Este artículo no pretende responder esas preguntas, sino contribuir a generar éstas y otras interrogantes, aprovechando que, así como parece, el 2010 se constituirá en un año de grandes debates en Paraguay.
El presente haitiano
Haití es un país de cerca de 10 millones de habitantes, distribuidos en poco más de 27.000 km2 (cerca del 6% del territorio paraguayo). El 70% de la población haitiana es pobre y no tiene empleo, la mortalidad infantil es de 80 por cada mil nacidos, el analfabetismo en las zonas rurales supera el 70%, la estructura económica está destruida y el 60% del presupuesto proviene de la ayuda internacional y de las remesas de emigrantes que fueron a trabajar en otros países.
Estos números son constatados a simple vista en Haití. La pobreza y precariedad son tales, que no es común poseer luz eléctrica o agua corriente, por lo que todo el tiempo las calles están abarrotadas de personas, así como llama la atención que no circulan personas de elevada edad, pues la esperanza de vida gira en torno a los 50 años.
José Luis Rodríguez, brasileño y profesor de historia que trabaja en proyectos de cooperación en Haití, señala que dicho país vive al menos tres graves crisis estructurales: económica, ambiental y política. A pesar de ser un país con una mayoría de habitantes en el sector rural, ésta apenas posee tierras. Los incentivos o posibilidades de explotarlas con eficacia son escasos. Las políticas neoliberales de las últimas décadas han destruido la capacidad productiva nacional. Según el profesor, en 1970 Haití producía prácticamente el 90% de su demanda alimentaria y, actualmente, se importa cerca del 55% de todos lo
s géneros alimentarios que se consumen. El ambiente está devastado por el uso intensivo de tecnologías nocivas, el consumo masivo de carbón y la deforestación que alcanzó el 97% del territorio. Y por último, la inestabilidad política, que no es algo reciente, y sobre la que ahondaremos más adelante.
Si bien un análisis simplista podría llevar a pensar que los aspectos estructurales explican la inestabilidad de Haití por sí solos, éstos nada tienen de “natural”, ni se explican solamente poniendo la mirada en los haitianos. Existe un proceso histórico, que tiene tanto de glorioso como de olvidado, y que amerita ser abordado de manera a evaluar mejor la política de “estabilización” que se quiere imponer desde afuera y por la fuerza, y de la que Paraguay forma parte.
El agujero negro de América: olvido y prejuicios
Haití podría ser considerado el país latinoamericano pecador por excelencia; de ahí que perduren tantas décadas de penitencias. En 1804 se constituyó en el primer país independiente de América Latina, gracias a la lucha de una población esclava entusiasmada por las ideas libertarias de la Revolución Francesa que tuvo lugar años antes. Solo que la naciente República de Francia no tenía reservadas para su colonia las ideas de igualdad, fraternidad y libertad y, por tanto, al intentar negar esos valores a la colonia, le costó una humillante derrota a su glorioso ejército napoleónico. Los haitianos eran (y son) en su mayoría negros, su religión más practicada era (y es) el vudú – acusada por los colonizadores de “magia negra”, prejuicio extendido hasta hoy- y el idioma más hablado es el creole. Fueron muchos delitos para la Europa blanca, racista y católica que todavía dominaba el mundo. Demasiados ejemplos peligrosos que podrían expandirse hacia otras colonias latinoamericanas, especialmente las de gran composición esclava. El precio a pagar fue impuesto por las potencias coloniales: a Haití le impusieron un bloqueo, la amenaza constante de invasión –que obligó a la militarización de un país con la economía destruida - y una deuda externa impagable. Pero ese (mal) ejemplo negro no termina allí.
El Haití independiente se atrevió a ayudar a Simón Bolívar en su lucha contra el colonialismo europeo, con armas, soldados y variados suministros, que lo acompañaron por los campos de batalla, y centenares de haitianos murieron por la independencia de varios países de América del Sur. Ese apoyo se dio con la condición de que Bolívar liberara a los esclavos de los recientes países independientes, lo cual no estaba en los planes del mismo hasta ese momento.
La derrota final del emprendimiento bolivariano, así como las nuevas ataduras que volvieron a sufrir los pueblos latinoamericanos a manos de élites casi todas propietarias de esclavos y portadoras de los valores de la dominación colonial, dejó a Haití solo y aislado. La revolución haitiana no demoró en verse derrotada. Más adelante y viendo solo los últimos 100 años, vinieron otros sucesos, como la ocupación militar de EEUU entre 1915 y 1934, y las dictaduras apoyadas por Estados Unidos, bajo el mando de Papa Doc Duvalier, y luego su hijo, Baby Doc Duvalier, que entre los años 1957 y 1986 aniquilaron a millares de personas en nombre de la llamada “lucha contra el comunismo”.
Tras la apertura democrática, en 1991, fue elegido presidente el sacerdote Jean Bertrand Aristide. Sin embargo, al impulsar medidas para corregir injusticias económicas, fue derrocado y enviado al exilio. Los 3 años siguientes estuvieron caracterizados por persecuciones y la desarticulación de organizaciones sociales y políticas. Mil, dos mil, tres mil muertos, nadie sabe. En 1994 volvió a sufrir una ocupación militar norteamericana, año en que se da la vuelta de Aristide para finalizar su primer mandato, ya sin márgenes de maniobra. La terquedad haitiana de decidir más allá de los deseos de las potencias extranjeras continúa en el 2001, cuando Aristide vuelve a ser elegido presidente, y levanta banderas como el aumento del salario mínimo y el reclamo a Francia de una indemnización que reponga, en parte, los daños promovidos por el país europeo desde la independencia haitiana y que se arrastraron por 200 años.
Eran tiempos de inestabilidad política y social en Haití. La crisis llega a su punto más álgido el 29 de febrero de 2004, cuando Aristide aparentemente había renunciado a su cargo. Tal como señala la página web de la ONU en su relato sobre los antecedentes de la MINUSTAH, a “primeras horas del 29 de febrero, el Sr. Aristide abandonó el país. El Primer Ministro, Yvon Neptuno, dio lectura a su carta de dimisión”[3]. Sin embargo, en aquellos duros días de movilización y represión masiva, el congresista Maxine Waters, del Partido Demócrata de EEUU, afirmaba que había recibido una llamada telefónica de Aristide desde la República Central Africana, denunciando que había sido secuestrado. El 2 de marzo, el abogado del Aristide en EEUU, Ira Kurban, anunciaba en una radio de Miami que,
Permítame aclarar que esto no fue una rebelión. Esto fue un golpe de estado. Fue un golpe de estado dirigido, operado y equipado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, después de que esos servicios de inteligencia seleccionaron a un grupo de personas entrenadas en República Dominicana[4].
El abogado afirmó que el secuestro de Aristide era parte de un plan que se había armado premeditadamente, y que incluía un embargo económico por parte de organismos internacionales de crédito; un embargo de armas que impedían que la policía haitiana se equipara mínimamente para contener a los crecientes grupos armados desestabilizadores; un apoyo a grupos armados que ingresaron por República Dominicana a aumentar la desestabilización en marcha; y, finalmente, que la seguridad personal del presidente, que dependía de una empresa de California, se retirara unos días antes de su salida. Finalmente, “EEUU forzó al Presidente Aristide a subir a un avión, y antes le dijo que si no firmaba una carta de renuncia, lo abandonarían para que lo mataran”[5], acusó Kurban.
La historia continúa con la imposición de un gobierno de facto, que organizó las elecciones ganadas por un nuevo presidente que legitimó el golpe y la intervención militar de la ONU. “En los dos primeros años de ocupación militar la MINUSTAH realmente se confrontó con grupos armados y de secuestradores que se escondían en barrios pobres y de hecho representaban una amenaza para la sociedad, grupos que resultaron eliminados o presos”, admite el profesor Rodríguez.
Sin embargo, una mirada más profunda sobre la función que la MINUSTAH ha venido cumpliendo desde entonces, nos convoca a reflexionar sobre su objetivo inicial, sobre las implicancias de este tipo de intervenciones en países sometidos por la pobreza e, indefectiblemente, sobre la contribución de Paraguay en este emprendimiento.
La MINUSTAH y la estabilización de la miseria
Entrando a Cité Soleil (Ciudad del Sol), una de las comunidades más pobres de la capital Puerto Príncipe y una de las zonas poblacionalmente más densas del mundo, -es una planicie con viviendas de chatarra donde viven 300 mil personas-, lo primero que debía dejarse claro era: “Pá Minustah, pá militar” (No soy Minustah, no soy militar, en creole). En Haití, tener el color del mestizaje equivale a ser blanco, y ser blanco es, para el sentido común, ser un “blanc volé” (blanco ladrón).
Los recuerdos del 22 de diciembre de 2006 – y los días posteriores – todavía perduran: luego de una importante manifestación por el retorno del presidente Aristide, la organización de DDHH Haití Information Proyect afirmó que las fuerzas de la ONU entraron a la comunidad disparando a todo lo que se moviera, con un saldo de 30 muertos, contando mujeres y niños.
Más recientemente, en mayo de 2008, el Congreso de Haití sancionó una ley de aumento del salario mínimo, de dos a cinco dólares diarios[6]. Sin embargo, el sector empresarial presionó al presidente René Garcia Preval para no promulgar la ley ya aprobada por ambas cámaras legislativas, con amenazas de despedir a cerca de 25 mil trabajadores del sector manufacturero. Un grupo de estudiantes universitarios inició una serie de movilizaciones por el derecho de los trabajadores, que fue luego seguida por organizaciones sociales y la ciudadanía. La policía local intervino, con colaboración directa de la MINUSTAH, reprimiendo brutalmente las manifestaciones.
En junio sucede otro hecho. Tras la muerte de un dirigente político local, centenares de personas acudieron a su entierro y, conforme a la costumbre haitiana en estos casos, el velatorio fue acompañado de una movilización por las calles. “Inexplicablemente, militares de la MINUSTAH dispararon contra el cortejo, del que muchas personas salieron asesinadas y heridas”, comenta José Rodríguez. La impunidad en estos casos es reinante, pues el Estado no otorga informaciones solicitadas, los medios de comunicación callan, y la MINUSTAH es prácticamente intocable por la justicia haitiana.
Varios informes señalan casos similares de violencia, asesinatos, detenciones ilegales, amedrentamiento a la prensa, cárceles abarrotadas de prisioneros sin garantías, etcétera.
Para el dirigente Henry Boisrolin, del Comité Democrático Haitiano, la situación de Haití tiene todos los rasgos como para afirmarse que está bajo ocupación militar, a pesar de los esfuerzos por llamar a la MINUSTAH de ayuda humanitaria: “Nosotros la rechazamos porque entendemos que es una violación de nuestra autodeterminación, de nuestra soberanía y dignidad como pueblo”[8]. Un profesor de Cité Soleil me comentaba indignado que “ese ejército sirve para reprimir manifestaciones legítimas del pueblo haitiano para reivindicar aquello que ajusta a derecho y es normal en cualquier país”.
El gobierno haitiano hace caso omiso y reivindica la presencia militar de la MINUSTAH, a pesar de las presiones de algunas organizaciones internacionales de derechos humanos y del pueblo haitiano. Me decía E.G, estudiante de derecho y partícipe de las manifestaciones por el salario mínimo, que en un país abarrotado de basura, sin servicios públicos de agua corriente y luz distribuidos mínimamente, con un sistema vial destruido, los países que intervienen militarmente no fueron capaces de levantar un solo programa de cooperación que sea útil, a pesar de los más de 600 millones de dólares que tienen como presupuesto. E hizo un llamado:
Es urgente que ustedes, en sus países, discutan este tema. Pueden estar de acuerdo con ayudarnos, pero fallan en la manera. En un país donde la miseria es masiva, las balas poco solucionan. Si se van, el pueblo sabe que de nada sirven hoy, que no pierde nada.
Instalemos el debate en Paraguay
En varios países del continente surgen cuestionamientos contra sus gobiernos por la experiencia de la MINUSTAH en Haití.
En el 2007, Anderson Bussinger, enviado de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB) a dicho país, realizó un informe contra la acción militar y defendió la salida de las tropas brasileñas, por ser una típica situación de ocupación militar. “Si Brasil quisiera enviar médicos, profesores y alimentos a Haití sería otra situación. Ahora, ¿cuál es el presupuesto de la Misión Especial de las Naciones Unidas? 85% es militar y destinado a las actividades represivas. Esta intervención que Brasil realiza
en Haití es en los moldes de la intervención de los Estados Unidos en otros países. Bloqueo de barrios pobres, mantenimiento de un estado de coacción moral, presión psicológica, que yo llamo de asedio militar. No tiene, a mi modo de ver, nada de humanitario.”[9]
Otras acusaciones señalan que la experiencia de las tropas brasileñas en Haití tiene una función de entrenamiento para la actuación en los conflictos urbanos de Brasil, como las que se desarrollan en las favelas de de Río de Janeiro. Y también dentro de la MINUSTAH habrían prácticas que rayan lo mercenario: muchos ejércitos estarían enviando tropas por el dinero que se les paga, en dólares, pues aún cuando sean escasos los recursos para sostener la intervención por parte de cada país, siempre aparece la mano caritativa de la potencia del norte[10]:
Según informó el Ministerio de Defensa de Perú, Estados Unidos financiará parte del entrenamiento y equipamiento de las tropas peruanas que participan en operaciones de paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Haití.
Según el citado ministerio, el gobierno Washington desembolsó 4,4 millones de dólares por intermedio de su embajada en Lima para los batallones peruanos integrantes de los Cascos Azules de la ONU en Haití.
En Argentina, Bolivia, Uruguay y otros países, las críticas están emergiendo cada vez más ante lo que sucede en Haití. En Paraguay, sin embargo, las pocas declaraciones relacionadas son preocupantes. Por ejemplo, durante la última Cumbre del Mercosur en nuestro país, lo dicho por nada menos que el hasta entonces vicecanciller nacional, Oscar Rodríguez Campuzano, podrían indicar que no sabía de las tropas paraguayas en Haití. Cuando le consultaron por qué creía que Brasil había propuesto dar preferencias comerciales a Haití en la región, respondió: “sabemos que el Ejército brasileño está en Haití y a lo mejor conoce la situación de ese país” [11].
Más preocupante aún fueron las declaraciones que, sin ninguna repercusión local, realizó la presidenta chilena, Michelle Bachelet, en su reciente visita al país en julio de 2009. Había dicho que un buen ejemplo de cooperación multilateral entre Chile y Paraguay, es justamente, Haití: “En el contexto de Unasur, nosotros hemos encontrado una forma en que hemos entendido una defensa que puede jugar un rol importante a partir de la experiencia que tenemos varios países como Chile y Paraguay en Haití”[12].
Lo cierto es que el pueblo haitiano está haciéndose escuchar cada vez con mayor fuerza contra la MINUSTAH. Finalmente, y como dato no menor, queda la sensación de que nuestras tropas y de los demás países latinoamericanos, están haciendo el “trabajo sucio” que otras potencias ya no quieren realizar. La página web de la embajada norteamericana en Uruguay publica una entrevista realizada al día siguiente del presunto secuestro del presidente haitiano[13] al ex Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Roger Noriega:
Bury: ¿Durante cuánto tiempo estima que permanecerán las fuerzas militares estadounidenses en Haití?
Noriega: Será una presencia relativamente breve.
Bury: ¿Semanas? ¿Meses?
Noriega: La resolución de esta situación exige, a mi entender, tres meses—no más de eso. Pero lo que nos resulta muy alentador en nuestro contacto con la comunidad internacional es que existen bastantes países dentro y fuera de este hemisferio dispuestos a instalar sus fuerzas militares en el territorio, a permanecer durante años como parte de una misión de la ONU. Estados Unidos no necesita desempeñar ese papel. Existen otros países dispuestos a hacerlo (…).
¿Estamos los paraguayos y paraguayas “dispuestos a hacerlo”, o a que lo hagan en nuestro nombre? ¿Saben nuestras autoridades lo que allá está sucediendo? ¿Estamos conscientes de lo que implica participar de la ocupación de otro país latinoamericano, sin conocer las causas reales que impulsan esta ocupación? ¿Será para nosotros también que las víctimas de la MINUSTAH son “daños colaterales”? ¿Aceptaríamos una ocupación militar extranjera si hay “desestabilización” causada por la miseria? ¿Qué pasó de los recuerdos de haber sido un “mal ejemplo” de desarrollo autónomo, “corregido” con la guerra de la Triple Alianza? ¿Y de los recuerdos de la estabilidad por la fuerza y en nombre de la “paz”, impuesta por Stroessner?
Ningún hombre, nacido rojo, negro o blanco, puede ser propiedad de su prójimo, había dicho Toussaint Louverture, héroe de la independencia haitiana. Todavía muchos se creen dueños de ese país. Al final, y tal como al principio: ¿Qué hacemos nosotros en Haití?
[1] http://www.un.org/spanish/Depts/dpko/minustah/
Todas las revisiones en las citas web tienen como última fecha el 3 de enero de 2010.
[2] Idem
[5] idem
[6] Minustah reprime manifestación estudiantil por aumento de salarios en Haití, 10/06/2009, ELAC. http://www.elac.org.br/es/noticias/minustah-reprime-manifestacion-estudiantil-por-aumento-de-salarios-en-haiti
[7] Ver Derechos Humanos, Haití, Equipo Nizkor. http://www.derechos.org/nizkor/haiti/ Ver también: Haití: Cuatro años de misión ONU, cuatro años de masacres, 29/09/2008. Alma Giraudo. Identidad Andaluza http://identidadandaluza.wordpress.com/2008/09/29/haiti-cuatro-anos-de-mision-onu-cuatro-anos-de-masacres/
[8] “Nuestro Pueblo seguirá resistiendo a las tropas de ocupación de las Naciones Unidas”. Entrevista al dirigente haitiano Henry Boisrolin, 29/07/2009, Rebelión. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=89329
[9] Ejército Brasileño actúa con represión en Haití, Radioagencia NP. http://www.radioagencianp.com.br/index.php?option=com_content&task=view&id=2939&Itemid=59 y Social movements criticiza Brazilian military presence in Haití, 06/19/2009, Agencia Senado Internacional. http://www.senado.gov.br/agencia/internacional/en/not_820.aspx
[10] Bajo el manto del pentágono. APM, 18/07/07, en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=53737&titular=bajo-el-manto-del-pent%E1gono-
[11] Paraguay se opone a un plan de Brasil, 20/07/09, Diario ABC Color. http://www.abc.com.py/abc/nota/5590-Paraguay-se-opone-a-un-plan-de-Brasil/
[12] Chile no piensa formar parte de las FFAA “bolivarianas”, 23/07/09, Diario ABC Color. http://www.abc.com.py/abc/nota/6621-Chile-no-piensa-formar-parte-de-las-FF.AA.-%E2%80%9Cbolivarianas%E2%80%9D/
[13] Embajada de los Estados Unidos de América. Montevideo, Uruguay. 05/03/2004. http://montevideo.usembassy.gov/usaweb/paginas/85-00ES.shtml
Soy Uruguayo, creo mas aun, estoy seguro que las fuerzas de la ONU están impidiendo que se maten entre ellos. No solo se les brinda seguridad, sino se les provee de elementos necesarios para su supervivencia, se lucha contra los carteles de la droga y los grupos antisociales. Haití es un país que hace muchos años años mas de 50 entró en una espiral de autodestrucción fomentada por los imperios vigentes en esa época y nunca se volvió a recuperar, por infinidad de causas que darían lugar lugar a un libro de las atrocidades de un pueblo a si mismo por supuesto que con la colaboración de los ultra izquierdistas y ultra-derechistas que se preocupan mas por sus ideologías que por su pueblo. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay han provisto de alimentos, médicos, plantas potabiliza-doras de agua y seguridad física a los ciudadanos de ese país. En forma mas humana que los famosos apoyos de los EEUU u otras potencias Centrales. También hay cubanos, Venezolanos y de otras nacionalidades colaborando en ese quehacer. Ahora hay que redoblar el esfuerzo y ayudarlos a crecer. Como Latino Americanos es nuestra obligación mas allá de nuestras ideologías o criterios personales.
Es un excelente reportaje. Y algo que poco o nada se sabe en este paìs. Saludos E’a, soy un parguayo que vive en Suecia hace tiempo. sigan
Excelente artículo, mis felicitaciones
Joseto, muchas gracias por seguir tan lúcidamente tus inquietudes, te imagino en la experiencia de ingresar a Cité Soleil, nada fácil… creo que el dolor que nos genera Haití en estos días tras el terremoto, nos permite mirar el fondo, la historia de este primer pueblo que gritó su independencia y mirarnos en nuestra relación con él: recuerdo que emilio y vidal han expresado en el informe 2009 sobre derechos humanos en paraguay, en el artículo de derecho a la paz, la preocupación -y el repudio también- por la participación de nuestro país en la minustah, pues representa efectivamente una forma de resolución no-pacífica de conflcitos.
lamento que todavía hoy se crea que esto es una cuestión de haitianos salvajes que se matarían entre sí sin recurrir a racionalidad alguna y que tienen sus cerebros cargados con ideas de los extremistas de un lado y de otro, como si carecieran de expresividades, pensamientos y cohesión social, y que entonces precisan de hermanos mayores mesías. creo que es muy simplista plantear que está bien porque les enviamos medicamentos y comida… haití precisa ser apoyada en otros procesos, donde los mismos haitianos y las mismas haitianas puedan tomar decisiones sobre su convivencia, modos de vida -que incluyen la producción y el consumo- y que recuperan sus propias prácticas culturales (como el creole, el vudú, la música y el baile, la pintura naïve, la literatura…) y confrontan con una posibilidad de desarrollo con respeto a los derechos humanos… (casi nada, como en nuestros países)
me llego esta nota por email y me parece pertinente al tema del articulo.
SALUDOS: Les comparto una corta nota, que bien podría ampliarse en una discusión sobre las responsabilidades sociales, políticas y económicas de los “Estados y naciones desarrolladas” con los mundos oprimidos y condenados a las miserias por el capitalismo.
Ciudadanos y ciudadanas del mundo
Sucedió una tragedia en Haití, un terremoto devastador que, según las noticias y las imágenes, hay cientos de miles de muertos y heridos, y millones de afectados. La prensa y la Historia hablan de Haití como el país más pobre del continente americano, al cual le han azotado huracanes, inundaciones, dictaduras militares y ahora un terremoto sin precedentes en la región del Caribe donde se asienta, en la isla La Española, que comparte con República Dominicana.
Pero la Historia Real de los pobladores negros y pobres de Haití es más compleja y va más allá de huracanes, dictaduras y ahora del terremoto. Los pobladores negros y pobres de Haití son descendientes de africanos que fueron secuestrados por mercaderes europeos que se lucraron con la trata esclavista apenas comenzaba a descubrirse el territorio americano. Llevados como esclavos a la isla La Española, fueron puestos a laborar en las plantaciones cañeras que proveyeron de azúcar el mercado europeo, con lo cual se dinamizó y lucró la economía mundo y a partir de la cual provino gran parte del desarrollo industrial europeo.
Desde entonces, desde el siglo XVI, Haití ha producido riquezas a Europa y el mundo, pero Europa y el capital le ha producido pobreza y miseria. No han reparado la muerte que le provocaron los gobernantes, mercantes, iglesia y empresarios a millones de africanos ancestros de los actuales haitianos pobres; no han reparado la pobreza en que han sumido a la población haitiana negra, no han reconocido una deuda ética, moral, humana y económica que tiene con los pobladores negros y pobres de Haití.
Hoy todos los gobiernos se aprestan a dar ayuda humanitaria y económica a la población de Haití, y eso está bien. Llegarán millones de dólares y euros y se planteará una reconstrucción de la pobreza. El llamado de este corto mensaje es a que se exija al mundo occidental que se ha lucrado de Haití para que actúe con recursos para la población negra y pobre de Haití como una acción de reparación y justicia social dirigida a cubrir la deuda histórica que se tiene con estos pobladores. Si ello se plantea así, la consecuente acción debe consistir en sacar definitivamente a los pobladores de Haití de la miseria, con programas de desarrollo económico, tecnologías, educación, salud y trabajo. Propongo una acción de exigencia de reparación y justicia social para los haitianos por parte de los Estados de Europa y del Mundo que se han lucrado del trabajo de los ascendentes de los haitianos y han sumido a la miseria a los actuales pobladores negros pobres de Haití. Los haitianos nunca eligieron ser pobres, fueron sometidos y convertidos a la fuerza a ser pobres. En resumen las exigencias son:
Que los Estados europeos y del mundo que se han lucrado de Haití y sus pobladores negros pobres declaren su responsabilidad en la condición de miseria a la que han sido sometidos los pobladores negros pobres de Haití.
Que los Estados europeos y del mundo que se han lucrado de Haití y sus pobladores negros pobres declaren acciones de reparación y justicia social para los pobladores negros pobres de Haití.
Que los Estados europeos y del mundo que se han lucrado de Haití y sus pobladores negros pobres actúen decidida y definitivamente con programas de desarrollo económico, tecnologías, educación, trabajo, y salud como consecuencias del reconocimiento y la acción reparativa y de justicia social planteada en los puntos anteriores.
Firma: Mario Diego Romero, Profesor Departamento de Historia, Universidad del Valle, Cali, Colombia
hola joseto. Qué buen trabajo compañero, de esos que nos recuerdan que no todo está perdido en el oficio periodístico. Alguien y muchos vienen a ofrecer su corazón. Ahora, a juego de tirar cartas, y entre viento norte, nubes de arena, congestiones de hollín y primaveras marchitas, qué bueno sería que, así como si nada, sacándole alguna noche a la nutrida agenda, podamos hacer algoo sobre haiti, música, algo de historia, testimonio, libritos que podamos conseguir de allá, no sé, se me hace, algún documental no tan largo, en una especie de noche haitiani en Paraguay.
Un abrazo.