“Lecciones” del golpe en el Ecuador de la revolución ciudadana

El pasado viernes nos encontramos con una protesta, por demás, contradictoria y extraña. Policías reclamando sus derechos laborales; tomados las oficinas y quemando llantas.

Publicado en el portal ¿Que Hacer?

Sus demandas respondían a los cambios en la Ley de Servicio Público, en la cual el presidente R. Correa intenta cambiar el sistema de bonificaciones y de méritos hacia un sistema de compensaciones y salarios similar al resto de servidores públicos. Tomados las calles bajo consignas como “el pueblo uniformado también es explotado” y «La tropa unida jamás será vencida», el resto de la población se preguntaba: ¿y ahora quiénes los van a reprimir?

Pero no fue un hecho simple y anecdótico, es una estructura de poder estatal que tiene en sus manos las armas de represión, que se insubordina a la estructura y que a lo largo del día se fue extendiendo hacia otros lugares. En un primer momento, la reacción imprudente del R. Correa fue llegar al lugar a controlar la situación, pero sus declaraciones y actitud de patrón terminaron por encender los ánimos de la tropa. Así, con los límites físicos del presidente recientemente operado de una rodilla, la reacción violenta de la policía y la debilidad de la escolta, no lograron mantener su seguridad. El presidente terminó en el hospital de la policía, y luego de eso, denunció que permanecía secuestrado y que había un intento de golpe.

Hasta ese momento ese proceso parece ser anecdótico, pero el desarrollo de los acontecimiento se extienden hacia otras zonas y sectores; miembros de la policía cercaron el Ministerio de Defensa, hicieron protestas en la Comisión de Transito, quemaron llantas en el sector de Carapungo, cerraron la Terminal Terrestre Quitumbe rechazando al gobierno y gritando que, “como en Cuba”, Correa es un dictador. Pero los policías reclamaban también los juguetes de sus hijos y las ocho horas laborables. Grupos de policías patrullaban las calles, robando celulares, golpeando personas y atemorizando a la población. Además se reportaron protestas de policías en Santo Domingo de los Colorados, Ibarra, Guayaquil, Ambato, Cuenca, Chone, Loja, Machala, Huaquillas, y otras varias ciudades.

Además, el aeropuerto de Quito suspendió sus operaciones hasta la tarde, debido a que estuvo tomado por militares de la Fuerza Aérea quienes con pancartas impresas sostenían que “las fuerzas militares no son de todos sino de los oficiales”, y reclamaban sus derechos, negándose a los “atropellos de las fuerzas militares”; y bajo las consigna de que “el pueblo uniformado también es explotado”, se tomaron la pista.

Activos de la Comisión de Transito del Guayas realizaron una marcha de apoyo a los uniformados

Paralelamente, se reportaron una ola de actos delincuenciales en otras ciudades, muchos comercios, los bancos cerraron sus operaciones y se limitó el transporte. Hubo reportes de acciones contra periodistas y los canales de televisión; hacia ya el final de la tarde un grupo de personas intentaron tomarse las instalaciones de Ecuador TV –encabezadas por Pablo Guerrero el abogado de Lucio Gutiérrez (ex militar y ex presidente)– y finalmente policías cortaron las señales del canal público. Pero el reporte de los acontecimientos se mantuvo en señal abierta gracias a Teleamazonas y Ecuavisa.

Dada la tensión en las calles y la magnitud de la insubordinación, el Ministerio de Educación suspendió oficialmente las clases. Al tiempo que la “estructura” de Estado (Ricardo Patiño, Canciller y Doris Solís, Subsecretaria de pueblos), convocaron a la población para defender y rescatar al presidente, aplicando la estrategia usada en otras coyunturas, hubo rumores de que se pidió a los tenientes políticos, juntas parroquiales, alcaldes y concejos provinciales del partido de gobierno que se movilizaran–.

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