«El mundo debería reírse más, pero después de haber comido»

A 100 años del nacimiento de Mario Moreno, el creador e intérprete de Cantinflas, el irrepetible (anti)héroe latinoamericano.

Cantinflas.

@SebasOcampos

México y el mundo hispanohablante recuerda y homenajea en este mes a Mario Fortino Alfonso Moreno Yegros –por el centenario de su nacimiento del 12 de agosto de 1911–, mejor (re)conocido como Cantinflas, el personaje cinematográfico que se ganó película tras película el aprecio, la admiración, el respeto e incluso el amor de la gente, sobre todo de los países en donde se habla el castellano, pues su comicidad se basó en el casi irrepetible juego sintáctico y semántico del idioma de Cervantes para hacer de las suyas y salirse bien librado de las situaciones más adversas creadas, en la mayoría de los casos, por él mismo. Y debido a que E’a no podía estar al margen de semejante celebración, me propuse escribir un mínimo homenaje a quién en vida y cine luchó –con la palabra y cuanto recurso tuvo a su alcance– para que la gente riera más, pero siempre después de haber comido.

Inicios en blanco y negro

Según Carlos Monsiváis, el nombre y personaje de Cantinflas nació cuando el joven Mario Moreno fue intimidado por el pánico escénico la vez que olvidó su monólogo original. En esa ocasión, ante la mirada inquisitiva del público, empezó a decir lo primero que se le vino a la cabeza en una completa emancipación de palabras y frases, culminando en una brillante incoherencia. Los presentes lo atacaron sin piedad por su enloquecida sintaxis. En ese preciso instante, él se dio cuenta de su creación y vislumbró el nombre que marcaría la invención, con la contracción de los gritos recibidos durante esa noche memorable: “Cuánto inflas” y “en la cantina inflas”.

Luego vinieron las películas, desde “No te engañes corazón” de 1930 hasta “Entrega inmediata” de 1963, finalizando así –con el cartero involucrado en un enredo de espías– la primera tanda de filmes en blanco y negro, con el personaje ganando mayor protagonismo de título en título. En estos 33 filmes, Cantinflas, que prácticamente se dedica a todas las ocupaciones mal remuneradas de la sociedad o directamente rehúye del trabajo (“Algo malo ha de tener el trabajo, porque o si no lo ricos ya lo hubieran acaparado”), hace uso de una comicidad basada en características propias del pelado –como lo llaman en México– manipulador de situaciones de acuerdo a sus escasos conocimientos y recursos y su infalible técnica de hablar haciendo un juego de palabras (llamado con justa razón “cantinflear”), donde trasmite todo o nada, de acuerdo a la ocasión, pero que siempre termina confundiendo por su fluidez, tono y gestos al interlocutor, que en la mayoría de la escenas se pierde entre la maraña de vocablos expuestos caóticamente.

Madurez en colores

En 1956 Cantinflas empieza verse en colores, con la película “El bolero de Raquel”. En ese mismo año Mario Moreno acepta trabajar en “La vuelta al mundo en ochenta días” hablada en inglés, por la que recibió el Globo de Oro al mejor actor cómico. En 1958 actúa en “Sube y baja” y dos años después en “Pepe”, otra vez en inglés, donde Cantinflas no luce con todo su esplendor, no sólo por su genialidad en el manejo del castellano totalmente opacado al tratar de hacerlo en el inglés, sino por el hecho de que el personaje perdió vida al ser estereotipado como un latinoamericano bonachón más que fue a probar suerte en EE.UU., siendo que Cantinflas en cada una de las situaciones (de las demás películas) siempre luchó contra la adversidad y las injusticias, sin dejarse menospreciar ni avasallar por nadie.

A partir de “El padrecito” de 1964, luego de “El analfabeto” de 1962, se empieza a disfrutar de un Cantinflas más maduro, didáctico, pedagógico, con mejor preparación, ocupando cargos más importantes, con irreverencias y críticas sociales propias de él, ya metido en instituciones y situaciones escasamente tratadas de una manera explícita y realista en el cine. Este proceso de madurez expuesto en los filmes en colores se percibe en “El Señor Doctor”, “Su Excelencia”, “Un Quijote sin manchas”, “El profe”, entre otras, donde el personaje no pierde la comicidad propia y única del antihéroe latinoamericano que escena tras escena, título tras título, se convierte de a poco en el héroe necesario, aunque siempre de una manera coherente, bien trabajada, acorde con la realidad social tratada en cada película encabezada por el gran Mario Moreno, el mejor actor cómico de todos los tiempos.

Sus claras palabras

Para no prolongar más este recuerdo en calidad de homenaje un tanto analítico, es mejor que los deje con las propias palabras de Mario Moreno, dichas a través de su querido Cantinflas al final de la excepcional película “Su Excelencia”:

Parte 1:

Parte 2:

Fuentes:

  • http://www.publimetro.com.mx/entretenimiento/cantinflas-cien-anos-de-genialidad/pkhk!ns4PrhqmzYppe6Ix2YcChw/

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