«No hay soledad inexpugnable»

De las palabras de Pablo Neruda al recibir el Nobel de literatura a la película La escafandra y la mariposa.

Pablo Neruda al recibir el Nobel de literatura.

@SebasOcampos

Las palabras de Neruda

Gabriel García Márquez cuenta en su famoso artículo El fantasma del Premio Nobel que Pablo Neruda, en 1971, a sólo 48 horas de la recepción del premio Nobel de literatura, recordó en pleno almuerzo que debía escribir el discurso para la ceremonia de la entrega del premio.

«Entonces -cuenta Gabo- volteó la hoja de papel del menú, y sin una sola pausa, sin preocuparse por el estruendo humano, con la misma naturalidad con que respiraba y la misma tinta verde, implacable, con que dibujaba sus versos, escribió allí mismo el hermoso discurso de su coronación.»

 

Dos días después don Pablo leyó uno de los mejores textos en la contradictoria historia de los nobeles, donde resaltó que «No hay soledad inexpugnable», pues «Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos.»

Si bien Neruda amplía su percepción de la vida y la obligación del poeta por medio de sus sabias palabras, en este día sólo quiero subrayar la verdad expuesta por don Pablo, que sirve de título a este comentario cinemaliterario.

Imagen de "La escafandra y la mariposa".

La escafandra y la mariposa

Le scaphandre et le papillon es el título de una película que me llamó muchísimo la atención hace un par de años, cuando leí una crítica sobre el libro y la película, pero que sólo pude ver en los últimos días de 2010. ¿Y de qué trata este filme tan llamativo?, han de preguntarse los ávidos lectores solidarios. Pues de que no hay soledad inexpugnable.

Sí, la película, bellamente dirigida por el multifacético Julian Schnabel (también director de Antes que anochezca, donde Javier Bardem sobresale extraordinariamente), trata del rompimiento de todas las barreras de la incomunicación y la superación personal de Jean-Dominique Bauby, el jefe de redacción de la revista Elle que en 1985 sufrió una embolia masiva y quedó en coma durante más de 2 semanas. Cuando despertó, le contaron su estado: estaba inmovilizado casi por completo. Sufría el extraño «síndrome de cautiverio», teniendo sólo la capacidad de comunicarse a través del parpadeo de su ojo izquierdo, aplicando el método de su bella logopeda.

Con el transcurrir de las escenas percibimos el mundo de Bauby desde su propia perspectiva, sobrecogiéndonos con su inefable soledad. En esos terribles momentos iniciales Jean-Dominique no hace nada más que compadecerse de sí mismo. Quiere morir. ¿Y quién no lo querría? Pero con el paso de los días y el trato con personas fraternales y solidarias y su gente querida decide luchar contra lo imposible y, tras dos arduos e increíbles años de dictados hechos con parpadeos de un solitario ojo, publica su exitosa autobiografía «rebosante de sensibilidad y humanidad», intitulada La escafandra y la mariposa, representando el encarcelamiento corporal con la escafandra y la imaginación desbordante con la mariposa.

Sí, gracias a su mente fuerte y lúcida, su capacidad literaria  y la solidaridad humana, Jean-Dominique Bauby volvió posible lo imposible y demostró al universo entero que, incluso con el 99.9% del cuerpo paralizado, «no hay soledad inexpugnable».

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